domingo, 25 de agosto de 2013

¿SE PUEDE SALIR DEL BACHE?

         Hay más de 5 millones de ciudadanos españoles en situación de paro, lo que, además de los propios españolitos, lo saben también los alemanes, los franceses, los italianos, los finlandeses, los estadounidenses y hasta los nigerianos, que ya es decir.
Los bolsillos de los españoles  de a pié han entrado en la fase de “cuarto menguante”, consecuencia de la reducción o la pérdida de su salario habitual, la casi desaparición de diversas prestaciones sociales, o la pérdida de sus ahorros de muchos años adquiriendo las “participaciones preferentes” que las Cajas de Ahorro pusieron en el escenario financiero español, invitando e incitando a los pequeños ahorradores, aprovechando ese grado de confianza que se crea siempre entre el depositante y su gestor o amigo bancario.
Esto, unido al mayor costo de los productos a adquirir, consecuencia, entre otros, del incremento del IVA o el IGIC que paga por igual todo hijo de vecino que, como impuesto indirecto, no se aplica en función de las ganancias de cada ciudadano, sino sobre las compras de bienes y servicios que realice cualquier familia—las de arriba y las de abajo—, a la hora de adquirir lechugas, o aspirinas, o pañales, o bien utilizar los servicios funerarios para un familiar que fallece. Lo cierto es que el país se empobrece de día en día.
Este esfuerzo, sin embargo, no lo realizan absolutamente todos los españoles. Al menos hasta hoy han quedado intocables, bien salvaguardados, los bolsillos de los representantes del pueblo, es decir de  la clase política.
Un simple ejemplo: El Senado. Esta institución, de representación territorial—según parece—, la componen 259 miembros políticos. En números absolutos,  es  el mayor de todos los Estados que conforman la Unión Europea, sea cual fuere su población. Tal cifra supone una media de 15,24 Senadores por Autonomía. Pienso que una media de 7 Senadores sería más que suficiente, lo que supondría  un ahorro de dinero público equivalente al costo actual de 140 Senadores (sueldos, dietas, viajes, alojamientos, comidas, etc.), que ya es una cifra importante para reducir el  déficit presupuestario.
 Otro ejemplo: La Cámara Baja o Congreso de los Diputados. Al igual que en el Senado, de cada partido político, siendo miembros de la Cámara, trabajan unos pocos, menos aún son los oradores, y el resto sólo sirven para hacer bulto, aplaudir a los compañeros oradores  y votar disciplinadamente. Como puede pensar cualquier ciudadano—y yo me incluyo—,si se redujese el número de Congresistas a la mitad, con 175 representantes del pueblo se podría hacer lo mismo que hoy se hace pues, fuere el número que fuere, el dato porcentual, que es lo importante, no cambia. ¿En cuánto se reduciría el endeudamiento del Estado?
Modificar la composición de ambas Cámaras  no es un sueño, está simplemente en la voluntad de los partidos políticos. Todos ellos, por igual, dicen constantemente que hay que trabajar en beneficio de los españoles. Háganlo.
Si por extensión hablamos  de las Comunidades Autónomas, de las Diputaciones Provinciales, de los Cabildos Insulares canarios y de los Ayuntamientos del país, ¿cuánto dinero público podría ahorrarse reduciendo el número de miembros de sus cámaras?
No olvidemos, por último, que en España existen, en junto, bastante más “asesores” que representantes políticos departamentales. ¿Es que con un solo asesor por representante político no  funcionan debidamente los diversos departamentos?
¿Acaso alguien es capaz de afirmar que las reducciones citadas incrementarían el paro y es por eso por lo que nada se toca? Quisiera ver quien tira la primera piedra con tal afirmación.
 Los medios informativos, conocidos como el cuarto poder, continúan utilizando cada día términos que han sumido a los ciudadanos en permanente desazón e inquietud con tanta palabreja tan de moda como burbuja inmobiliaria, hipoteca subprime,  crisis, prima de riesgo, rescate soberano, rescate financiero, línea de crédito, secuestro, activos tóxicos, Bruselas, troika, hombres de negro y algunas más que por feas no las nombro. Haciendo un aparte con los políticos y el quinto poder (el financiero), muy pocos ciudadanos tienen verdadero conocimiento de lo que significa  esa sopa de letras.
Muchos amigos míos me preguntan qué pasaría si España decidiese volver a la peseta, evaluándola o devaluándola a conveniencia de nuestro país, sin previa autorización de nadie. Yo les he dicho que marcharnos de la zona Euro pondría en tal apuro a la Unión Europea, al Banco Central Europeo y a su jefa, la Sra. Merkel, que a buen seguro cambiaría absolutamente todo el condicionado que se le quiere imponer a España, por  pedigüeña. A lo que parece, España ha perdido su capacidad de pensar. Sólo obedece, que es más cómodo y menos impopular para el que manda.
Haciendo un poco de historia, en innumerables ocasiones oí decir a un ex Presidente del Gobierno aquella expresión de que ¡España va bien! Era la época en que con la nueva Ley del Suelo de 1998 se puso en marcha con gran empuje el llamado “ladrillazo”, acompañado de la activísima participación de las entidades financieras—principalmente las Cajas de Ahorro, cuyos Consejos de Administración estaban en manos de los políticos de turno—, que llegaron incluso hasta ofertar préstamos por cifras superiores al 100% del costo de la vivienda que se pretendía adquirir, sin más  garantía de cobro que la real del propio inmueble.
Con tanta voracidad, las entidades crediticias ganaron y contabilizaron ingentes cantidades de dinero. Y así llegamos, como se podía esperar simplemente escuchando la teoría de los ciclos, a la situación de que ¡España va mal!
A consecuencia del impago de tanto crédito hipotecario, unido a las altas remuneraciones de las cúpulas de muchas entidades financieras, sus activos  se han vaciado de dinero y se han llenado de inmuebles que, además, no han sido debida y obligatoriamente provisionados, con lo que los balances figuran ciertamente inflados. Y ahora, ¿qué hacen estas entidades? Pedir buenos chorros de dinero al  Banco Central Europeo, vía Moncloa.
Este desastre financiero se inició en los Estados Unidos de América, y la historia nos dice que cuando ese país tose,  el mundo entero contrae la gripe. Es preciso, pues, correr para diagnosticar y dosificar los medicamentos antes que lleguen las fiebres altas.
Según nuestra Constitución, toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas. A su vez, nos dice que el trabajo es también una obligación social.
A partir de aquí recuerdo lo que hicieron los ascendientes de la Sra. Merkel  en los años 1945 y siguientes, una vez concluida la segunda guerra mundial, lo que se llamó el “milagro alemán”, que consistió en que, además de la ayuda estadounidense del celebérrimo ”Plan Marshall”, todos los alemanes, en un intento de reconstruir su país, esquilmados los medios productivos y pululando el hambre y la miseria por doquier, trabajaron de forma gratuita para generar producción y sacar al país adelante, unos porque estaban en paro, y otros, con empleo, lo hicieron al margen de su jornada laboral, ya de por sí muy precaria.
El escenario español presenta hoy situaciones parecidas, con más de 5 millones de actores en paro y millones de actores con salarios recortados, unido al miedo a perder el empleo. Otro número de actores, como ya vimos, continúa alimentando al déficit público.
Todo el mundo sabe que desde que se inventó la palabrita “globalización”, que fonéticamente es preciosa, el efecto ha sido el de dejar en manos de unos pocos manejar a su antojo la “economía del papel”, es decir la Bolsa, que sube y baja a diario según las decisiones diarias de esos pocos. Y el poder político en silencio.
 El tejido productivo, sin embargo, y como tal, tan afianzado en España—operado básicamente por las pymes—,ha ido desapareciendo del escenario económico. La reducción del consumo interior, la práctica ausencia de la incentivación fiscal, la carestía de los medios financieros, ciertos apuntes de la Reforma Laboral y un etcétera que no menciono, han provocado el cierre de muchas pymes y, consecuentemente, el desempleo, que cuesta mucho dinero al erario público. Me pregunto, ¿qué cuesta más dinero, pagar el desempleo o incentivar a las empresas para que mantengan el empleo? ¿Alguien ha hecho estas cuentas? Porque si el paro baja, la credibilidad exterior sube, la inversión exterior  crece, la tributación engorda. Y esto es un axioma irrefutable.
El poder ejecutivo nos repite una y mil veces el sofisma de que lo que está legislando es bueno para los españoles. ¿Para quién? Para los más débiles, NO.  Yo sí creo en la tan cacareada expresión de que “España somos todos”, pero TODOS.
Con esta afirmación, y volviendo al paro obrero, es dable decir que los ciudadanos que afortunadamente mantienen su empleo, no precisamente digno y justo, están aportando al cajón público un dinero que se destina, entre otros asuntos, a pagar el desempleo.
Los desempleados, generalizando, aun percibiendo un ingreso procedente de la pensión del paro obrero—raquítica y condicionada en el tiempo—, cruzan el día a día sin nada que hacer, hastiados de sentirse impotentes  y hartos del tedio, la desesperanza y el desencanto que les consume. He hablado con muchos parados y la inmensa mayoría me han asegurado que volverían a SENTIRSE PERSONAS si pudieran desarrollar cualquier tipo de actividad acorde con sus conocimientos, es decir, estando activos.
Cualquier empresario conoce que de los diversos elementos que conforman el costo de producción,  el concepto más importante es el del recurso humano, es decir el gasto de personal, que, en general, supera el 50%  del citado costo.
¿Cómo vería la ciudadanía española que los actuales desempleados, que cobran el subsidio de paro obrero, trabajasen, como contraprestación de ese subsidio, 15  horas semanales, con cierto diferencial salarial a cargo de la Empresa, procedente de incentivos fiscales, sin que ello suponga la pérdida del puesto de trabajo de NINGUNO de los actuales empleados? ¿Hablaríamos del “milagro español”?
Creo que hablamos de pura SOLIDARIDAD de los españoles para, juntos,   enriquecer la economía del país. Y si enriquecemos la economía es seguro que luego se creará empleo para los actuales desempleados. Todo el mundo sabe que si la economía funciona, el paro se reduce. La historia nos dice que esas son las reglas del juego en las economías de capital, como es la nuestra. El ejecutivo nos habla continuamente de la necesidad de crear empleo. Pero nada ha dicho de cómo, previamente, impulsar la economía.
Y centrando la respuesta en tres segmentos de población, ¿qué opinarían  las cúpulas sindicales, empresariales y la clase política? Como ya dijo el Sr. Shakespeare, that is the question.
La puesta en marcha de estas reflexiones, si fueren consideradas válidas por los  diversos agentes sociales, quedaría en manos del poder legislativo, a iniciativa del poder ejecutivo, dictando la correspondiente normativa, que no es simple, incluyendo, entre otras, la reforma de la Carta Magna, de los Estatutos Autonómicos, de las leyes electorales, etc. hasta redactar la norma adecuada—imposibilitando la picardía de algunos empresarios listillos—, para la adscripción especial de desempleados en las Empresas, que deberán producir riqueza y, en consecuencia, se creará nuevo empleo, crecerá el consumo interior y se incrementarán los ingresos del Estado por una mayor tributación, aun incentivando a las Empresas. ¿Facilitaría las cosas la reducción de la jornada de trabajo semanal? En pura lógica, SÍ.
Termino diciendo que el deudor de las posibles ayudas dinerarias  europeas, de las que tanto se habla, debe ser el conjunto de las entidades financieras españolas que las reciban, y no el Estado. Éste debería, en todo caso, constituirse en avalista de las Pymes españolas que necesiten créditos  para entrar de nuevo en producción con la adscripción de los desempleados citados. Entre otros estadios, existe mucha infraestructura pública paralizada.
                                                      Óscar Gutiérrez Ojeda
                  Las Palmas  de Gran Canaria,  Agosto de 2012

Este artículo fue publicado en el periódico La Provincia el 10 SEP 2012                    

YO ACUSO

* Al ministro de Justicia, por ignorar la lentitud procesal en los Juzgados sin querer ver la imperiosa necesidad de informatizarlos, permitiendo se consuman y desperdicien innumerables horas de trabajo simplemente cosiendo miles de papeles con hilo y aguja, y su correspondiente almacenamiento,  en pleno siglo XXI. A su vez, propone o apoya el indulto a personajes que se han apropiado indebidamente de millones de Euros, y nunca a favor de quien ha hurtado alimentos por cantidades ridículas de dinero, y no para su negocito sino  para llevar comida a casa.
* A la ministra de Empleo, por redactar las bases de la célebre Reforma Laboral, consiguiendo con ello únicamente incrementar el desempleo que, en sólo un año, ha pasado de algo más de 5 millones a casi 6 millones de parados, sin incluir al ex marido de la Sra. Mato, pues, al parecer, el Estatuto de los Trabajadores no  permitía despedirlo. Por si esto fuera poco, completa su tiempo asomándose a las ventanas televisivas para contarnos historias que no concuerdan con la realidad del día a día que estamos viviendo. Baje a la calle, Señora, y hable con los ciudadanos, los que le votaron y los que no le votaron.
* Al ministro de Hacienda, que ha llevado adelante una reforma fiscal, no solamente incrementando los impuestos indirectos, que pagan todas las clases sociales, sino también los directos, en todos los tramos de la escala, cuando debió aplicar la subida sólo en los tramos más altos. A su vez, lo acuso de no fomentar incentivos fiscales a favor de las empresas, lo que, con total seguridad, supondría la creación de empleo. Un ejemplo: En tiempos de bonanza se creó una deducción sobre la cuota del impuesto de las empresas de 6.000 Euros por cada  empleo nuevo, o incremento de plantilla, de personas con discapacidad, con el fin de favorecer el empleo de éstas, aunque sujeto a  ciertos condicionantes. Ello sigue vigente ¿Por qué hoy, con la situación existente, no se hace extensivo ese incentivo a la creación de empleo de cualquier parado? Sin embargo, ha dedicado su pensamiento a amnistiar fiscalmente a quien blanquee en España dinero negro, de una manera tan sencilla que ni siquiera se exige declarar el origen o procedencia de ese dinero. ¿A quién pretendía beneficiar?
* Al ministro de Economía, que no alcanzó a ver y, por tanto, desaconsejar la Reforma Laboral que  puso en marcha la ministra de Empleo. Su trabajo debe ceñirse a encontrar fórmulas para impulsar la economía— lo que conllevaría inevitablemente  la consiguiente creación de empleo—, en vez de gastar su tiempo en acechar los movimientos de la prima de riesgo y profetizar el fin de la crisis continuamente, dirigiéndose en estos términos  a los españoles, que ya estamos cansados de oír lo mismo sin ver los resultados profetizados.
* Al ministro de Agricultura, para recordarle que los trabajadores del campo, con ocasión del “ladrillazo” que nació a partir de la nueva Ley del Suelo de 1998, emigraron hacia el “ladrillo”, y desde allí emigraron hacia el paro, donde siguen anclados. ¿Qué ha hecho para favorecer la vuelta a sus orígenes, al campo? Cada vez que me como una pera o una manzana me como un fruto de extramuros. A lo que parece, es más interesante para el Tesoro público ingresar derechos aduaneros que impuestos nacidos desde la existencia de  una economía rural apoyada, aunque sólo fuere logísticamente, por el Estado o las autonomías. El campo está desierto de hombres y de cultivos. ¡Qué pena!
* Al Presidente del Gobierno, que, como tal, ha autorizado con su firma los inventos improvisados, infructuosos o erróneos de sus ministros, sin que se hayan medido debidamente las consecuencias que, al menos a corto y medio plazos, podrían producir y están produciendo. Parece que cada ministro mira sólo para su ombligo o cartera, sin considerar las interrelaciones  departamentales y, por tanto, el efecto final que cada norma está produciendo en el ombligo de los ciudadanos, que es siempre  el más importante por su posición de sujeto pasivo frente a cualquier normativa. Quizás el papel principal del pastor es apaciguar a sus ovejas y defenderlas con uñas y dientes frente al lobo. El pastor español no para de hablar a sus ovejas en un intento de apaciguarlas, pero creo que no ha sabido defenderlas enérgicamente frente al lobo alemán. Antes al contrario, primero le ordenó llevar adelante la congestión del gasto a cargo del más débil.  Y ahora se ha permitido la gracia de  decirle que su buen camino no es otro que volar con sus huevos a cuestas hacia Sudamérica. Esto, que parece una coñita, es un insulto, puesto que el citado lobo piensa que el pastor español no sabe ni tan siquiera donde vender  los huevos, ni  la lana, ni la leche de sus ovejitas. Esta coñita, repito, es válida entre amiguillos, pero no entre Estados. Por cierto, a este lobo alemán le están temblando las piernas  después de escuchar recientemente al pastor británico.
* A todos los partidos políticos, por no querer—como decía mi tía Lala—soltar la teta. Ninguno de ellos ha puesto una pica en Flandes para proponer al resto una reducción  del número de miembros de las cámaras a todos sus niveles, como son Congreso, Senado, Parlamentos autonómicos, Diputaciones provinciales, Cabildos insulares canarios y Ayuntamientos. La mitad de esos miembros es más que suficiente para que tales cámaras funcionen. Y a quien no lo crea, que me lo cuente. ¿Cuántos millones de Euros ahorraría el erario público, que podrían destinarse a Educación, Sanidad y Servicios Sociales? Sabios españoles emigran a otros países que les cobijan y pagan bien, porque en nuestro país se  recorta el dinero hasta a la investigación.
* A la Sra. Cospedal, porque está convencida de que yo soy un ignorante cuando dice y repite que el Sr. Bárcenas no “está” en el Partido Popular  desde el año  2009. ¡Señora, por Dios! ¿Es usted boba o a mí me toma por bobo con tan infantil afirmación? Este caballero, efectivamente, no “está” en el Partido, pero sí “está” (hasta hace pocos días) en las oficinas centrales del Partido, perfectamente instalado con todos los servicios y, además, gratis. ¿Qué hacía allí? ¿Para quién trabajaba?
* A las cúpulas sindicales, a todos los niveles, porque nunca  han sugerido ideas concretas para encaminar la economía y, consecuentemente, el empleo. Tampoco han renunciado a un solo Euro de sus emolumentos, o, al menos, no lo han hecho púbico. Lo único que sí han hecho es enviar a los pobres parados a la calle, cargados de pancartas alusivas a sus sindicatos. Les sugiero hablen con sus bases—entiéndase desempleados—y con el Gobierno, proponiendo, por ejemplo, que los parados, voluntariamente y como contraprestación a su raquítica pensión, trabajen 15 horas semanales con transporte gratuito durante un tiempo prudencial y no indefinidamente. Esto no es ninguna barbaridad. Yo he hablado con muchos parados, quienes me hacen comentarios en esta línea como medida para olvidar el tedio y el desencanto que les consume, para sentirse personas. ¿No es cierto que ese camino reactivaría la economía?  ¿No es tan cierto que si la economía crece también crece el empleo?
*Al  Tribunal de Cuentas, que opera con tal lentitud que muchos hechos irregulares no se pueden juzgar por simple prescripción. Sin embargo, sus miembros cobran puntualmente cada fin de mes.
* Por último— y no he acabado con las acusaciones—, YO ME ACUSO de plagiar el TITULO de  un artículo que publicó en 1898 el periodista y escritor francés Émile Zola, con ocasión del triste y célebre caso Dreyfus.
                                                                                Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                                Febrero  2013

Este artículo fue publicado en La Provincia el 27 FEB 2013

A MI AMIGO BENEDICTO


En verdad, en verdad te digo, lector, que el Papa Benedicto XVI  y yo no somos ciertamente amigos. Ni  tan siquiera le he  conocido personalmente. Pero lo han sometido a una serie de situaciones adversas de tal magnitud que lo lamento como si de un buen  amigo se tratara.
 Anunció al mundo su “abdicación”, argumentando que lo hacía simplemente “por falta de fuerzas”, lo que yo, dicho así, no lo creo “ni jarto  ron”, como diría mi abuelo Juan. La denuncia pública de tantos casos de pederastia causados por varones clericales, surgidos muy probablemente por inclinaciones paidofílicas consecuencia del voto de castidad, le han creado un verdadero atosigamiento, viéndose, además, acuciado por muy diversas opiniones emanadas desde dentro de su casa.
De otro lado, el poder financiero de la Iglesia, como sabemos, está concentrado en el IOR (Instituto para las Obras de Religión), más conocido como el Banco Vaticano. Éste le creó importantes  quebraderos de cabeza, hasta el punto de que intentó tener mayor control y más transparencia sobre sus cuentas, que no consiguió por ciertas presiones internas. Al parecer, existe mayor secretismo en el Banco Vaticano que en los pasillos de la Santa Sede.
 Desconozco si Benedicto XVI, aun teniendo una trayectoria conservadora, tuvo alguna vez en su pensante cabeza el deseo o la propensión de inclinarse hacia la necesidad o conveniencia de introducir algunos cambios en las estructuras eclesiales, pues los tiempos corren y ya no estamos en la era del feudalismo. Seguramente hizo algunos intentos, que no llegaron a buen fin. En consecuencia, estos hechos y algunos más que desconozco, y que sí conoce la Curia romana, le hicieron perder su ánimo hasta el punto de que sintió su mente deteriorada, yo diría  aniquilada, como ser humano que es. Así, pues, su marcha no fue por simple falta de fuerzas. 
Se afirma que Dios creó al hombre. Alguien asegura lo contrario, es decir que el hombre creó a Dios desde los tiempos anteriores a Matusalén. En todo caso, lo que sí pienso, leyendo la historia, es que Dios es una cosa y la Iglesia, creada por el hombre,  es otra cosa. ¿Acaso Dios dijo que sus representantes en este planeta con facultad de perdonar las malas acciones tendrían que ser necesariamente varones? ¿Es que Dios dijo, además, que tendrían   que vivir manteniendo, bajo juramento, voto de pobreza, obediencia y castidad? ¿Dijo también que la mujer religiosa de profesión, la monja, sería siempre la sufrida, la esclava y hasta la sirvienta del varón, sin cobrar ni una de las futuras pesetas, como así lo ha sido y lo sigue siendo? ¿A quién se lo dijo? Estos interrogantes que yo me hago  me llevan a reafirmarme en la idea de que Dios es una cosa y la Iglesia, que es quien  ha instituido tales preceptos, es otra cosa.
Y así, a diversos niveles como, por ejemplo, España. El Sr. Rouco, jefe de la Iglesia española, nada ha dicho en relación a los 6.200.000 parados que existen en el país, malcomiendo gracias a las pobres ayudas de familiares y vecinos, mientras que él  come y bebe bien a diario. ¿Qué hace con los casi 11.000 millones de Euros que recibe la Iglesia Católica española, de los que una buena parte proceden del dinero público, sin recortes, al margen  del IRPF?
Tampoco ha denunciado públicamente los casi 15.000 desahucios producidos en  España, así como las vidas perdidas, por suicidio, de algunos ciudadanos, deshechos en su desesperación porque, además de pasar hambre, se quedaban sin techo donde vivir sus familiares, todos en situación de paro.
Por lo visto, la vida de un feto es la única vida importante para este señor. ¿Esto lo denuncia Dios, que dicen que todo lo ve, o la Iglesia? Y, además, se permite atacar al poder civil, que acepta el ataque, para que modifique de inmediato la Ley del aborto. Como siempre, la mujer, por ser mujer, no decide. Las demás miserias que está atravesando el país no las menciona, pues debe estar convencido de que España es un verdadero paraíso, un calco de su palacio. ¡¡Qué poco pudor!! Desde luego, es un varón representante de la Iglesia, la que destrozó a Benedicto XVI. No es un representante de Dios.

                                                                                  Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                                        Abril 2013

Este artículo se publicó en la sección  “Opinión” del periódico  La Provincia, en su edición del domingo día 12 de Mayo de 2013.


LOS DIAS CORREN..EL TREN NO CORRE



     Los días corren, las 79 personas que perdieron su vida corrieron hacia las estrellas y el maquinista del tren no para de correr en el tren de la culpabilidad, sumido en la pena, la desesperación y la vida sin vida.
¿Culpable de la desgracia? Todas las voces dicen que es el maquinista. Ni tan siquiera citan al revisor o interventor, que cometió la imprudencia—¿o negligencia?—de hablar telefónicamente con el maquinista durante dos minutos en un momento en que, sólo viendo el paisaje, muy conocido, sería motivo más que suficiente para no interrumpir  al maquinista.
Yo recuerdo ir en automóvil de Santiago de Compostela a Vigo acompañado de familiares que llevaban teléfonos móviles. Esos aparatitos nos indicaban el camino a seguir audiovisualmente. Llegando a la periferia de Vigo nos indicó el camino más directo para llegar a nuestro destino, diciéndonos, inclusive, el tiempo que faltaba para llegar. La llegada a casa de nuestro amigo fue puntual. Y esto ocurrió hace dos años.
Recordando este  antecedente, alzo mi voz para decir quién debe ser el PRIMER CULPABLE de esta desgracia: La RENFE.
¿Cómo es posible que en pleno año 2013 exista transporte de personas  por vía férrea  que no disponga de medios  informáticos o electrónicos que superen lo que un simple teléfono móvil es capaz de hacer? Y si hablamos de alta velocidad, ¿cómo es esto posible?
Supongamos que el maquinista sufre un infarto o una pérdida de sentido, aun después de ser sometido a revisiones médicas periódicas. ¿Quién para el tren?, ¿quién evita un choque?, ¿quién reduce la velocidad?. ¿Es que desconocemos la fuerza o impulso que producen toneladas en movimiento?
Ahora, después de la desgracia, parece que el Presidente de RENFE y alguien más sí conocen esa fuerza y se quitan de en medio diciendo que de inmediato se tomarán las medidas adecuadas, tanto en las máquinas como en el trazado de los rieles.
Como decimos en Canarias, después del conejo ido, palos a la madriguera.


                                                                       Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                         Agosto 2013




viernes, 26 de marzo de 2010

IN MEMORIAM DE JUAN RODRIGUEZ MARRERO

Juanito, como así le llamábamos cariñosamente, nos dejó. Hombre de palabra llana y directa, sin circunloquios de clase alguna, le hizo ser persona muy apreciada por todos los que le conocimos, que fuimos muchos.
Siempre preñado de buen humor conseguía, sin pretenderlo, transmitir felicidad a toda persona que estuviese a su lado en cualquiera de los círculos en que se movía, desde la Playa de Salinetas, o los Amigos Canarios de la Ópera, hasta el Real Club Náutico, cruzados por el Club de Aeromodelismo R/C Gran Canaria y otros lugares, fueren públicos o privados.
Cada mañana, al amanecer y antes que cantara el gallo, ya cantaba Juan con su magnífica voz de tenor, tarareando aquello de que su carro se lo robaron, y todo ello lo hacía durante la hora, ¿o dos horas?, de caminata diaria a buen ritmo.
Pero la mente es muy misteriosa y, como tal, es traicionera. Su traición consistió en afilar los colmillos y hundirlos en las células de tan optimista y clara cabeza que la Naturaleza le regaló.
Fué un hombre tan afortunado que hasta gozó del gran amor, encarnado en Carmen, su encantadora mujer, quien le dió, además, unos hijos envidiables, de lotería, como se decía en tiempos antiguos.
Juanillo: Sepas que seguimos contando tus innumerables chascarrillos, que permanecerán imborrables en nuestra mente.
Para Carmen y tus hijos, un beso.

jueves, 4 de febrero de 2010

Mi cuarto libro

Desde hace algunas semanas me ronda en la cabeza la idea de escribir, novelando, acerca de una familia donde uno de sus miembros padece la enfermedad de alzhéimer, y otro es persona con discapacidad intelectual. Avanzando en esta idea, ya tengo una serie de anotaciones redactadas en conexión con el tema, pero aún no he definido lo que podría ser la estructura del libro, ni, por supuesto, su título. Quizás pueda ser de interés para muchos lectores, dado el perfil de los personajes o el fondo de la cuestión, de gran actualidad, lo cual me tiene cargado de entusiasmo, que va en un crescendo continuo, manteniendo, de una parte, un bis a bis con personas dependientes de estas patologías y, de otro lado, leyendo temas científicos relacionados con dichas materias, aunque sé que el camino a recorrer es ciertamente largo, por su complejidad.

miércoles, 13 de enero de 2010

EL 13 DE ENERO

El compañero Manolo Rodríguez, miembro de la Junta Directiva del GRUPO 13 DE ENERO, me sugirió escribir algo en referencia a nuestra siempre bien recordada Escuela de Comercio, para hacerlo público hoy, primer 13 de este año 2010, cuyo encargo me encantó. Queda por averiguar si su lectura le encantará también a este auditorio, siempre tan exigente.

Como todos sabemos, la Escuela de Comercio (hoy Fundación Mapfre Guanarteme) estaba situada frente a la hermosa Fuente del Espíritu Santo, donde, por cierto, no se moja el agua. La Escuela tenía dos puertas de acceso: una para las niñas, que, después de atravesar el zaguán, subían al piso alto, donde permanecían entre clases. Y otra para los muchachos, que cruzaban un largo y no estrecho corredor, con una hilera de bancos, hasta llegar al amplio patio, lugares únicos donde quedaban situados, alega que te alega, entre clase y clase. Y pobre del guapito que se le ocurriera cruzar el zaguán de las niñas.

El patio, sin bancos para sentarse, era el lugar ideal para estar y mirar hacia arriba, pero no al cielo sino a la planta alta , donde había unos corredores o balconadas que solían ocupar las niñas en sus charlas, unas con faldas estrechas y otras con faldas vaporosas, que sujetaban entre sus piernas, en un intento de frenar las miradas impúdicas de los muchachitos.

Las aulas estaban distribuidas en varias plantas del edificio. La mayor de todas, con ventanas a la calle, estaba en la planta más alta.

Ahora quisiera disfrutar, una vez más, del recuerdo de aquellos añorados tiempos de dorada primavera de la vida, situando, como actores principales, a los profesores:

Los dos cursos de inglés estaban a cargo de D. Francisco Fiol, a su vez Director de la Escuela. Cuando se enfadaba con algún alumno, bien por las escapadas del Día de la Fuga de San Diego, o bien por quedarse traspuesto en clase, lo tachaba de “ente excecrable”, al tiempo que secuencialmente daba resoplidos por aquella nariz aguileña. Recuerdo que cuando se dirigía a mí o al compañero Oscar Hernández nos llamaba “D. Oscar”. Al resto de la clase les llamaba por el apellido. Por cierto, el amigo Hernández, que siempre se sentaba estratégicamente, no paraba de darle a la manivela en plena clase.

Continuando con los idiomas, D. Alfonso Canellas era el profesor de francés. En clase fumaba como un carretero, tosiendo continuamente. Era de estatura más bien baja y flaquito como un pejín, pero tenía voz de bajo abaritonado. Cuando nos estaba enseñando a pronunciar la “eu”, la “r”, o la “en”, lo repetía tanto, con aquella voz tan grave, que terminábamos aguantando la risa como mejor pudiéramos. D. Alfonso miraba a los risueños y se limitaba a llenar la lista de ceros.

D. Francisco Reina era el profesor de alemán. Hacía mucho hincapié en la pronunciación, y no solía enfadarse, pero si alguien iba de listillo le ponía su cerito en la lista y a otra cosa mariposa.

Los diversos cursos de matemáticas estaban a cargo de D. Juan Lozano, a su vez Secretario de la Escuela. Nunca supimos lo que era la analítica, ni el cálculo de probabilidades, ni las integrales, pero le temíamos a su sonrisa, porque era el preludio del cero.

En referencia a física y química, repetí curso, que tampoco aprobé en Junio siguiente sino en Septiembre. D. Bartolomé cogía la hebra con los ”játomos” y no había hijo de vecino que lo entendiera. Lo mismo ocurría con química, llenando la pizarra de moléculas de materias orgánicas e inorgánicas, cuyos dibujitos no los entendía ni Dios.

D. Teodoro Rosales tenía a su cargo la geografía económica. Al parecer, en su juventud vivió en Alemania. Cuando hablaba de ese país, en referencia a su economía, era tal la añoranza que lo envolvía, que terminaba sacando el pañuelito del bolsillo para rozarlo por sus vidriosos ojos. Esa demostración sentimental que afloraba en su rostro llenaba nuestros corazones hasta contagiarnos.

Ahora voy a darle el turno a la legislación de Hacienda. Para esta asignatura había un texto fabricado con papel de color ceniza y la letra más pequeña que la cabeza de un piojo. La clase estaba a cargo de D. José Oramas, quien explicaba la materia manteniendo el mismo tono, timbre, ritmo y volumen de voz durante la hora entera de clase, de tal manera que era muy fácil dormirse, máxime mirando a D. José, con su típico semblante somnoliento. Aquella horita era un verdadero “tótem”. Los ceros fueron los habitantes asiduamente empadronados en la lista, de principio a fin de curso Lo paradójico del caso es que, corriendo los años, mi vida profesional ha transcurrido básicamente en el terreno de la fiscalidad, sintiéndome muy feliz.

D. Manuel González era el profesor de contabilidad, a quien le gustaba la coña más que comer. Cuando hacía una pregunta a un alumno, aún cuando la respuesta fuese perfecta, siempre decía : ¡Lo ha dicho un burro!. La verdad es que era muy fácil aprender con él.

La clase de derecho la daba D. Joaquín Mª Aracil, hombre de frente prolongada, o quizás era calvo. Era cojo y se movía siempre con un bastón, arrastrando la pierna derecha, ¿o la izquierda? . Todo el alumnado decía siempre que el colmo de la Escuela de Comercio era dar clases de derecho con un profesor cambao.

Aunque no haga un aparte con cada uno de ellos, quisiera hacer patente el recuerdo de D. Eladio Moreno, D. Felipe de la Nuez (que no es lo mismo que la nuez de D. Felipe, según el comentario de la época), D. Isidro Brito, D. José de Britto, D. Mario Augusto Romero, D. Santiago Ascanio, etc.

Tampoco podemos olvidar a Periquito, que era el bedel. Esta palabra tan mona, no típica del habla de la época en Canarias, nos la enseñó D. Joaquín Mª Aracil, que para eso era peninsular. Periquito era un hombre de avanzada edad que le gustaba mucho la coña socarrona, pero siempre y cuando fuese de su iniciativa. Si algún gracioso pretendía coñearse de él, se armaba la marimorena, pues se ponía como una fiera y hasta levantaba la mano, amenazante. <<¡Carajo con este machango!>>, era su expresión más común. De resto era una persona normalita, aunque con semblante serio, que hablaba lo imprescindible, pero ayudaba a la muchachada en problemillas domésticos.

Cuando ya éramos galletones y mirábamos p’al cañizo solíamos bajar a la Plaza de Santa Ana, entre clase y clase o fumándonos una clase, para practicar el idioma inglés con las turistas que traían las guaguas desde los hoteles de la Playa de Las Canteras. En esa época el Sur de la isla lo constituían exclusivamente fincas de tomateros, que lindaban con la arena costera.

Junto a la Plaza de Santa Ana, por cierto, estaba de lunes a viernes Guillermito el árabe con su carrillo lleno de chucherías, desde chufas hasta pastillas y pirulís, pasando por cigarrillos y los clásicos chochos. Era un hombre de esqueleto más bien alto, doblao de espalda, con cara redonda que lucía un espeso bigote. Cuando nos caía alguna perrilla en el bolsillo desembocábamos allí, intentando siempre armar alguna coña con eso del idioma, antes de comprarle las chucherías, lo que hacía que Guillermito se engrifara como un gato, hablando medio en árabe , medio en español, hasta que nos volvía locos o lo volvíamos loco. Aquello era una verdadera gozada. No hay nada más bonito que una buena mataperrería. ¡A que sí!

No puedo terminar sin enviar un cariñoso recuerdo a unos buenos y verdaderos amigos, compañeros de la Escuela de Comercio, que desde hace años dejaron las alegrías y tristezas de este mundo, que sus vidas quedaron interrumpidas, como son Andrés Alvarado Janina, Cristóbal González Barreto, Claudio Rodríguez Rodríguez, José Antonio Morales Martinón y Manolo Cabrera Suárez. Si no menciono expresamente a alguno más, que nadie se sienta ofendido por mi olvido, que no quiere ser olvido, y casi lo prefiero así para no entristecer este 13 de Enero.

Leído que fue en el “Restaurante El Herreño”, a la hora del café del día 13 de Enero del bendito año 2010 de Nuestro Señor.

domingo, 24 de mayo de 2009

Segunda visita a Marruecos

Con motivo de la terminación de mi tercer libro, que lleva por título Don Quijote de Ayacata, realicé mi segundo viaje a Marruecos, acompañado de mis amigos Germán Benítez y Norberto Díaz, así como de mi hijo Óscar, que reside en Alicante, quien, por cierto, mantuvo todas sus conversaciones con personas marroquíes en idioma francés, ocasión perfecta para practicarlo, mientras que nosotros lo hacíamos en español, pues todo el mundo lo habla.

Volamos a Tánger, hospedándonos en el Hotel Intercontinental. La estancia fue de jueves 21 a domingo 24 de Mayo.

Una vez allí, el primer movimiento consistió en ir a ver a nuestra querida amiga Francis, profesora del Colegio Ramón y Cajal, en Tánger, quien, una vez más nos invitó a degustar en su casa unas espléndidas viandas, acompañadas de un cuscú, acudiendo, además, nuestras amigas Silvia, directora de la biblioteca del Instituto Cervantes, y Naját, representante de un laboratorio farmacéutico.

La mañana del viernes estuvimos en el Instituto Cervantes, donde conocimos al director, José Manuel Toledo, con quien teníamos cita concertada. Al salir de allí, coche en carretera. Por segunda vez pateamos la hermosa Larache y el pueblo de Alcazarquivir, donde está el antiguo acuartelamiento militar español en que instalaron al personaje central de mi novela, destinado allí como soldado del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Número 4 Nuevamente entablé conversaciones con personas del lugar de edad avanzada, más conocedoras de los tiempos en que situé allí a mi personaje.

Francis, tan encantadora como siempre, nos llevó a cenar esa noche a un restaurante español, creo recordar que asturiano. Nos acompañaron Silvia y Najat, con su marido Junne, así como una amiga de ellos marroquí, uróloga. Cenamos platos españoles acompañados de un Ribera del Duero. Todo perfecto. Al término de la cena, y como plato curioso y desconocido por nosotros, nos llevaron a ver en vivo el espectáculo de la “danza del vientre”, donde, efectivamente, unas muchachitas envueltas en tul, salvo los vientres, que quedaban al descubierto, los hacían danzar al compás de música árabe. ¡Impresionante!

Al siguiente día, sábado, un conductor de confianza de Francis nos trasladó en paseo a la montaña. Allí está el dinero de Tánger, desde los tiempos en que era zona internacional. Chalets, palacios y grandes villas pueblan aquella montaña, plagada de parajes ajardinados, de gran belleza.

El domingo por la mañana, regreso a casa.

Mayo 2009

miércoles, 17 de diciembre de 2008

RECUERDOS NAVIDADES CANARIAS PRIMERA MITAD SIGLO XX

Mi nieto Javier me pidió escribiera algo en relación a cómo eran las Navidades en mis tiempos de adolescente, a solicitud de una profesora de su colegio. Ahí va:

Desde principios de Diciembre, los bichillos de todas las familias esperan las Pascuas como agüita de Mayo. Es la época en que no faltan las golosinas en las casas, aunque no sean sobranceras.

El bienmesabe, los polvorones, el cachito de turrón, los dulcitos de la casa, las truchas de batata, que con tanto amor fabrican las madres, y, quien puede, los pasteles de carne que hace la dulcería La Granadina, que estaba allí en la calle Cano, esquina con Villavicencio, hacen posible que los chiquillos no paren de mover las herramientas de la mañana a la noche, por mucho que las madres les digan que no picoteen tanto porque se les pican las muelas.

El poco azúcar mensual que le corresponde a cada familia con la cartilla de racionamiento se guarda pa fabricar los dulcitos, así que ese mes el café o la leche se toman amarguitos o se endulzan con rapaduras de azúcar de La Palma machacadas, si es que se consiguen, o comprando azúcar de estraperlo, que lo hacen pocas familias, porque no hay perras.

Las familias suelen tener en las azoteas de las casas su gallinero con algunas gallinitas y el correspondiente gallo. Cuando una gallina se pone clueca se la separa del resto y va a parar a un gallinerillo chico, donde se le prepara el nido y se le pone una docena de huevos a incubar. Luego, a los pollitos machos se les va dando el mochazo a medida que crecen, pero siempre se engorda a uno, que va al caldero en Pascuas. Las pollitas crecen, y a poner huevos, o se venden a alguna vecina. Lo cierto es que los huevos pa fabricar los dulcitos no faltan, ni falta el tradicional pollo en la mesa

Estos animalitos son alimentados habitualmente con jinojos o colinos, que se hierven en el caldero, y se escaldan con afrecho, y que no falte la ración de millo. Así, los pollos saben a pollo y los huevos saben a huevo.

En Pascuas las madres bajan el pollo al patio, lo trincan por el cogote y con la misma le meten un viaje de vueltas, como un molinillo, hasta que lo esnuncan. Entonces lo tiran al suelo, donde el animalito sacude alas y patas durante un ratito, porque tiene la sangre aún caliente, hasta que se queda tieso. Luego, pollo al caldero con agua hirviendo, que facilita el desplume. Después, se despluma, se abre, tripas a la basura y se sacan el corazón, los riñones, los huevillos y el hígado.

El cuerpo del animal se despieza: Perniles, cogote, alas, pechuga, etc. Todo eso, más un hueso de vaca, con su carne de hilachas, agua, sal, garbanzas de Guatiza (Lanzarote), que son las mejores, alguna verdurita y las correspondientes prevenciones, va todo junto al caldero p’hacer el caldo de la sopa.

Pa no cansar contando el trapisondeo de la cocina, en la mesa se pone la sopita con sus fideos y su matita de hierba huerto, los perniles—que siempre son p’al padre de familia— y otros cachos del pollo, terminando con la correspondiente ropa vieja, que si alguien no sabe hacerla que me lo pregunte.

El padre y los galletones mojan todo esto con un par de roncitos de Cuba, seguidos de vino tinto de El Monte. La madre, las galletonas y los niños, con gaseosa o agua agria.

Terminada la cena, todo el personal va a la misa del gallo en la parroquia del barrio, que empieza a las 12 en punto de la noche y, al terminar, los padres, las muchachas y los niños, pa casa. Los muchachos, a reunirse con los amigos, guitarras y timple a cuestas, y a llevar serenatas a las muchachitas de los enamorados. Eso se veía por toda la ciudad. Dicho sea de paso, algún padre abría la ventana pa invitar a los trovadores a unos macanazos de ron. Terminadas las serenatas, todo el personal a dormir con el buchito lleno.

Al siguiente día, Navidad, el almuerzo se hacía con las sobras de la noche anterior, que pa eso era comida de cristianos. Los que le habían atacado al ron en la Nochebuena se mandaban su tacita de caldo calentito, según se bajaban de la cama, que es mano de santo, pa poder agarrar tino.

En Noche Vieja y Año Nuevo la fiesta era similar, con la diferencia de que todas las campanas de la ciudad se oían con la llegada del nuevo año, los pocos coches que había formaban la gran escandalera dando bocinazos, el cielo se llenaba de voladores y había bastante más gente en las calles con las guitarras, los timples y las botellas, cantando felices, sin líos, ni peleas, ni llenando las calles de basura. Ya cerquita del alba, a la churrería de la Plaza del Mercado a calentar las barriguitas con el chocolate o café con leche y los correspondientes churritos. Después, a dormir.

No quiero dejarme en el buche otro detalle curioso: No existían ni Papá Noel ni las doce uvas, ni el árbol de Navidad. Lo que sí se hacía en las casas era el nacimiento. Las figuras navideñas se hacían con barro, que luego se pintaban. Las del alpendre y los Reyes Magos se compraban en la librería Alzola, allí en la calle de la Peregrina, que se guardaban como oro en paño pa los años siguientes.

Para representar el territorio de los alrededores del alpendre se ponían piedras en el suelo, buscando un juego de niveles, luego se ponían encima varias capas de papeles de periódicos viejos, bien ajustados a las piedras, que se cubrían con una ligera mano de almidón. Al secarse, el papel se separaba de las piedras y se pintaba de color canelo. Para simular la flora se ponía alpiste en un plato con agua, que al germinar y crecer parecía un bosquito, que se incrustaba en la tierra simulada, de forma que no se viera el plato. ¡Aquello era una maravilla!

sábado, 22 de diciembre de 2007

De mi libro «La Jarca» (segmento del capítulo “Hablando inglés”)



─Y a usté, Lucas, ¿cómo le fue lo del idioma? Es que, como usté sabe, yo trabajo en los barcos y champurreo un poquillo el inglés─dijo Pepito el Portuario.

─Primero y principal, D. Manuel Lorenzo Reina, el de la academia, me enseñó a pronunciar correctamente lo que pude aprender en tan poco tiempo. Pero aquellos ingleses no me entendían ni papa. Por ejemplo, íbamos a ir en el metro a un sitio que se escribe Tottenham Court Road y se pronuncia “Totenjam Coart Roud”, resulta que el jodío que despachaba los tiques no me entendía y se lo tenía que escribir. Lo mismo ocurría si queríamos ir, por ejemplo, a Oxford Circus, que se pronuncia “Oxfor Cercas”. Y menos mal que un día me encontré en el metro a un muchacho de Telde que yo conozco, que se llama Antonio Enrique, y que está allí en Londres trabajando pa los Boní. Le conté los problemas que yo tenía con la pronunciación y me dijo que los ingleses hablan cada vez peor y no les da la gana de oír hablar correctamente. No te escuchan y se quedan tan frescos. ¿Y saben ustedes lo que me dijo? Que cuando fuera a comprar los tiques en las estaciones de metro pa ir a los sitios que antes les conté, en vez de decir “Totenjam Coart Roud” dijera “tómatela con ron”, y en vez de decir “Oxfor Cercas”, le soltara “gofio seco”. ¡Chacho, chacho, chacho, no fallaba nunca!

De mi libro «La Jarca» (segmento del capítulo "El velorio")



En el centro de la habitación estaban el cajón, los candeleros y Gregorito. Cubriendo las cuatro paredes había un viaje de mujeres sentadas en sillas de la casa y de las casas de los vecinos, rosario en mano, reza que te reza, suspiros por aquí, jipíos por allí, y Sulpicio, la viuda, metida en un baño de lágrimas y casi bebiéndose los mocos, que no paraba. Así que Lucas se va derechito a ella, que estaba sentada en una silla al pié de la cabecera del cajón.

De mi libro «La Jarca» (capítulo 10)

Canturriando



Iba Chanito Bocaplato un sábado por la tarde, casi oscureciendo, con una chispa encima que ni pa Dios, dando bandazos de un lado a otro de la calle, allí por el Callejón de Los Majoreros p’abajo, cuando va y se topa de frente con Lucas, que venía del trabajo, quien, al verlo así, va y le dice:

— ¿Está pidiendo práctico, Chanito? Porque a este paso no atraca en su casa ni a la de tres.

Y Chanito, agarrando tino y con una mirada tristona de perro viejo que daba hasta pena, le suelta:

—Mire, Lucas, déjese de coñas que yo no soy ni el Viera y Clavijo ni el Qüin Mery. Si me alcanza a mi casa se lo agradezco.

—Aquí tiene un amigo, ¿oyó? Pero pa mí que cuando llegue a su casa va a alcanzar pa tabaco. ¡Como si yo no conociera a su mujer!

Lucas agarra y calza por el hombre, que se le quedó colgado al totizo y, con la misma, en medio de la chispa, Chanito que levanta el gallo y pega a cantar habaneras, al tiempo que caminaban.

Al ratito atina a pasar por allí D. José el Pinisular, y cuando ve aquel espectáculo va y suelta por aquella boca, queriendo armar la coña:

—Lucas, ¿Chanito va en do bemol?

—No, coño, va en mí sostenido, ¿no lo ve?

viernes, 21 de diciembre de 2007

REQUIEM

Lo que ahora quiero decir a todos mis amigos y a mis queridísimas amigas hubiese deseado hacerlo en verso, pero mi numen está algo bloqueado, y prueba de ello es que, a sabiendas de que me sería difícil improvisar con el verbo, lo he hecho escribiendo, aunque en prosa.


Mis palabras son consecuencia de un triste recuerdo. Las desgrano in memoriam de quien nos ha dejado no ha mucho tiempo y, por tanto, no está físicamente entre nosotros en esta bella noche. Pero su silla sí está. Hela ahí. Y si está su silla, es la prueba clara de que su espíritu también nos acompaña, como él hubiese deseado, en esta noche navideña.

No puedo olvidar, y ustedes tampoco, que cuando él llegaba al campo de vuelo nos sentíamos muy felices con su presencia. Era poco hablador, pero sus expresiones las captábamos siempre a través de su mirada limpia y sincera, que irradiaba felicidad, de la que, en verdad, nos contagiaba.

No practicaba el vuelo, pero no estaba quieto ni un instante. Disfrutaba mucho acercándose a los aviones. Casi todos nosotros hemos padecido de un corte en nuestras carnes, a consecuencia de las hélices, y hasta él también sufrió, al menos que yo recuerde, una buena herida, consecuencia de lo mismo.

Como sabemos, era alguien que habitualmente no fumaba ni tomaba alcohol. Siempre agua. Lo que sí le encantaba era comer, participando de nuestros asaderos con buen apetito.

Pero en todas partes guisan o cuecen habas. Con ello quiero decir que en todas partes hay gente que disfruta algunas veces haciendo mataperrerías. Pues bien, un tiempo antes de su óbito, Germán, Norberto y yo decidimos que nuestro amigo tomara alcohol y observar su comportamiento después de la bebida. Fue con motivo de un asadero que hicimos en el campo de vuelo, donde había sardinas, chuletas, chorizos, etc. Elegimos para él unas sardinas con bastante sal. Lo mismo hicimos con la carne. Pero ambas cosas las mojamos, como Dios manda, en ron. Su paladar no captó bien el alcohol, debido a la tanta sal. A los pocos minutos le tambaleaban las piernas al moverse. Finalmente, terminó tumbado por la media borrachera que alcanzó, sin enterarse de que había tomado alcohol.

Esta mataperrería se la contamos sólo a muy pocos amigos de los que allí estaban. Entre otros, a Domingo Navarro, quien, al retirarse para su casa, miró al tumbado y le dijo

— ¡Échate la arrancadilla!

Después de contar esta anécdota, que permaneció siempre en el silencio, quiero pedir disculpas a la familia, en mi nombre y en el de Germán y Norberto.

Hoy nos llegan, como ya dije antes, rasgos de tristeza por la pérdida de nuestro amigo. Pero también una gran alegría porque estamos seguros de que él se hallará sentado a la derecha del Señor, allá en las alturas, sobre todo porque, además de ser un honesto poblador de este planeta, murió virgen.

Levantemos la copa y cantemos todos un hermoso y cálido réquiem in memoriam de nuestro querido, fraterno y entrañable amigo, que dice así:

¡Tao, Tao, Tao!

¡Tao, Taito, Tao, eh!

¡Eh, eh, eh!

¡Tao, Taito, Tao, eh!



Oscar Gutiérrez Ojeda, 15 DIC 07



NOTA POST SCRIPT.- Para quien no lo sepa, este discursito lo leyó el autor durante la cena navideña del Club de Aeromodelismo R/C Gran Canaria. Y para quien tampoco lo sepa, Tao era el perro del avionero Manolo Bermejo. Según oíamos a su dueño, el pobre Tao no tuvo nunca ocasión de subirse encima de una perrita. Al terminar la lectura, Pinito, la mujer de Manolo, lloró como una tora, recordando a su Taito. Otra cosa: Mientras se leía este “epitafio”, las mujeres de los avioneros les preguntaban a éstos que quién se había muerto. Los avioneros no sabían qué contestar. Luego, cuando se oyó el canto del réquiem, el personal estuvo riéndose sin parar lo mucho y lo bueno.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Pregón de las Fiestas de la Virgen del Rosario 2007

Sr. cura párroco, autoridades, convecinos, amigas y amigos: Buenas noches.


Sean mis primeras palabras para expresar un doble agradecimiento. Primero, a la Junta Directiva de la Asociación de Vecinos Vegueta-Santo Domingo, organizadora de las Fiestas de la Virgen del Rosario, por el ingente trabajo que viene realizando con tal motivo, así como por haberme propuesto el alto honor de pregonar las fiestas de este año 2007. Y segundo, quiero también dar las gracias a todos ustedes, que con tanta voluntad se han acercado esta noche a esta antigua joya arquitectónica que es la Iglesia de Santo Domingo, a escuchar a este pregonero.

Para quien no lo sepa, yo nací en una casita que está en la calle de Los Reyes, casi frente a la antigua Caja Recluta. Con muy pocos años de edad, mis padres se trasladaron al Callejón de Los Majoreros (hoy Dr. Hernán Pérez), esquina con la calle Dr. Nuez Aguilar. Allí crecí, allí me casé y allí nacieron mis seis hijos, todos bautizados en esta parroquia. Más tarde me mudé a otro lugar, pero continué siendo vecino de Vegueta, pues mi despacho profesional está en este barrio, en la calle Fray Lesco. Como verán, soy veguetero de la cabeza a los pies, de lo que presumo y llevo con gran orgullo.

Ahora quisiera hablar algo, no mucho, de los orígenes de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que, en definitiva, es hablar de Vegueta.

Según nos cuenta la historia, el 24 de Junio de 1478, día de San Juan, desembarcó en La Isleta una expedición mandada por el capitán Juan Rejón y el deán Bermúdez, enviada por los Reyes Católicos. Ese mismo día, y en la margen derecha de la desembocadura del barranco Guiniguada, Rejón funda el Real de Las Palmas, denominación debida a que en aquel paraje existía un pequeño palmeral. El campamento militar, una vez desecha la débil resistencia aborigen existente en aquella zona, se instala en una colina cercana al Guiniguada, en las inmediaciones de la actual ermita de San Antonio Abad.

Posteriormente, los reyes destituyen a Rejón y designan nuevo gobernador al general Pedro de Vera, quien continúa la conquista de la isla. La captura y conversión de Tenesor Semidán y el suicidio de Bentejuí, despeñándose, ponen fin a la conquista de la isla el 29 de Abril de 1483, día de San Pedro Mártir, fecha en la que queda incorporada a la Corona de Castilla.

Aquel núcleo originario se desplazó con posterioridad a la zona de la actual Plaza de Santa Ana y adyacentes, donde se van levantando edificios civiles y religiosos. Así nace, propiamente, el barrio de Vegueta, en el que se va instalando el poder representativo de la Corona, de ámbito político-administrativo, judicial y religioso, además de la capitanía general, con jurisdicción extensiva a todo el archipiélago, durante más de tres siglos. Así, tenemos la Iglesia Catedral, las Casas Consistoriales, el Obispado, la Casa Regental, la Real Audiencia de Canarias y el Tribunal de la Santa Inquisición, abolido definitivamente por Real Decreto de la regente María Cristina de Borbón, madre de Isabel II. Igualmente, comienzan a levantarse algunas edificaciones civiles, consecuencia del paulatino crecimiento poblacional, así como el primitivo hospital de San Martín. La ciudad tenía tres fronteras naturales: al norte, el barranco Guiniguada; al naciente, el mar; y al poniente, las montañas o riscos de San Roque, San Juan y San José. La frontera sur lo fue una muralla que avanzaba desde el risco al mar, a la altura del Callejón de Los Majoreros, como así llamamos los de mi generación a la calle Dr. Hernán Pérez.

No debemos omitir que en Agosto de 1492, en una operación financiada por los Reyes Católicos, arriban tres carabelas, la Pinta, la Niña y la Santa Maria, para su avituallamiento y reparaciones, mandadas por el navegante genovés Cristóbal Colón, que pretendía llegar a las indias orientales navegando hacia occidente, pues ya se había demostrado que el mundo no era plano sino redondo. ¡Menudo chasco se llevó D. Cristóbal cuando divisó tierra y se topó con unos caballeros que en nada se parecían a los de las indias orientales!

Corre el tiempo. La caña de azúcar es, básicamente, el inicio de una actividad mercantil pujante, que se asienta en la isla creando riqueza, lo que hace que algunos corsarios intenten arribar a la ciudad atraídos por la importancia de tal actividad, pero son rechazados.

A finales del siglo XVI, en Octubre de 1595, una flota inglesa capitaneada por Francis Drake y John Hawkins hace el mismo intento, pero las fuerzas de la isla consiguen que se retiren.

Pero el 28 de Junio de 1599 la Gran Armada holandesa, dirigida por el almirante Pieter Van der Doez, lanza un gran ataque y consigue tomar la ciudad. Tal invasión sólo duró unos días, pues fue defendida con tanto arrojo y valentía, que el 4 de Julio los holandeses hubieron de desistir de su empeño y abandonar la isla, no sin antes incendiar conventos, edificaciones oficiales y casas civiles. Entre otros, fue objeto de incendio y destrucción el convento dominico de San Pedro Mártir, levantado aquí a comienzos del siglo XVI, así como la primera iglesia de Santo Domingo, erigida a su lado. La actual iglesia fue reconstruida en el mismo lugar a comienzos del siglo XVII. Lo que fue el convento se reconstruye y se le da uso de leprosería y manicomio, y con posterioridad se convierte en el Colegio de San Antonio, como asilo para niños desamparados. La fuente de la Plaza de Santo Domingo data del siglo XVIII.

No quisiera terminar esta primera parte del pregón sin hablar del binomio Santo Domingo-Virgen del Rosario. Tiene su origen, según la tradición, en que a comienzos del siglo XIII la Madre de Dios “en persona” se le apareció a fray Domingo con un rosario en sus manos y le enseñó a recitarlo. Le dijo, además, que propagara el rezo del rosario por todos los caminos, indicándole que era una poderosa arma para defenderse o ganar batallas al enemigo de la Fé.

¿Y por qué esta festividad se celebra el 7 de Octubre? Remontándonos a finales del siglo XVI, los musulmanes dominaban el Mediterráneo y pretendían invadir naciones europeas y acabar con el cristianismo allí implantado. El Papa Pío V patrocina una flota en la que participan España y la república de Venecia, incorporándose también soldados papales, la que, siendo inferior a la musulmana en número de naves y hombres, consiguió destrozarla y diezmarla el 7 de Octubre de 1571, en la célebre batalla de Lepanto, y no porque D. Juan de Austria demostrara ser un gran estratega naval, sino merced a que la flota cristiana, según nos cuenta la historia, había rezado el rosario antes de iniciarse dicha batalla. Es el Papa Pío V, pues, quien instituye esa fecha como fiesta de la Virgen de las Victorias y, posteriormente, su sucesor, Gregorio XIII—autor del calendario gregoriano—, pasa a denominarla Virgen del Rosario.

Después de narrar estos hechos históricos, desgraciadamente preñados de situaciones bélicas, aunque vistos como gloriosos en su época, quisiera hacer un canto a la solidaridad y la paz entre los pueblos. Observando la situación actual de este planeta, parece que estamos en el camino de repetir tales acciones y, más que por motivaciones religiosas, lo es por razones económicas, aunque se intente vestirlo con otra etiqueta. Cuando éramos niños, los profesores nos hablaban de la ferocidad con que los bárbaros del norte invadían y destruían otros pueblos o países y, al oírlo, se nos ponían los pelos de punta, a pesar de la lejanía de tales hechos en el espacio y en el tiempo. Hoy se invaden y se dominan países y parece no preocuparnos mucho mientras no se toquen nuestras casas.

Y ya, más cercanamente, este canto a la solidaridad, armonía, hermandad y paz lo hago concretado a nuestro pueblo, al pueblo canario, porque, a través de editoriales domingueras de un contenido patético y ultrainsularista de un periódico de estas islas, aparentemente auspiciado con el silencio del Gobierno de todos los canarios, se persigue exactamente lo contrario, desde hace años.

Después de estas reflexiones, que no he podido evitar, y que suenan a aires de nuestra malagueña, les invito, con aires de folías, a dar un paseo por nuestro hermoso y entrañable barrio de Vegueta, el mismo paseo que suelo hacer con amigos foráneos cuando visitan la isla.

Me sitúo en el Mercado de Vegueta, al pié del barranco Guiniguada. Avanzo por la calle Mendizábal, subo la calle Montesdeoca y, durante unos minutos, me siento en un banco de la Plazoleta de San Antonio Abad. A continuación, tomo la calle Colón (antiguamente calle de Los Portugueses) y bordeo la Casa de Colón, que me lleva a la Plaza del Pilar Nuevo. Bajo por la calle de Los Balcones y entro en la calle Agustín Millares (antiguamente calle de La Gloria), desembocando en San Agustín. Subo la calle Dr. Chil, cruzo la calle de Los Reyes y alcanzo, al final, la Fuente del Espíritu Santo. Desde allí, bajo a la Plaza de Santa Ana, donde vuelvo a sentarme algunos minutos, en contemplación. Luego, avanzo por la calle del Reloj (antiguamente calle de Las Vendederas), subo nuevamente por Dr. Chil y, girando a la izquierda, atravieso las calles Dr. Verneau, San Marcos y García Tello, hasta que, finalmente, llego aquí, a esta recoleta y armoniosa Plaza de Santo Domingo, tantas veces cantada en prosa y en verso por ilustres plumas canarias.

Pasear por estas calles, a pleno día, da ocasión de contemplar hermosos zaguanes y alegres patios y corredores llenos de luz, plagados de flores. Pero realizar el mismo camino ya avanzada la noche, envuelta casi en el silencio, sólo con el rumor de una leve brisa, da al espíritu del paseante un gran sosiego. Pero, además, la visión de los diferentes estilos arquitectónicos que allí coexisten, así como el trazado de las calles, con sus rincones, le aviva la imaginación y le hace evocar otro tiempo, llevándole a su mente historia de siglos, hasta casi sentirse verdadero protagonista de esa historia. Tal es la identidad del barrio de Vegueta, cuna de la ciudad, inconfundible y único.

En este lento recorrido, y a pesar de los distintos estilos que se entremezclan, hay algo que se repite: la belleza de las balconadas de madera y la piedra denominada cantería azul, de Arucas, labrada a mano con picareta.

Y así, entre otras edificaciones, se podrá conocer y deleitarse con el Mercado de Vegueta, el lugar donde oró Colón, el museo Casa de Colón, el antiguo colegio de Las Teresianas—donde existió el primer hospital de San Martín—, el antiguo Banco de España, el Palacio de Justicia, la casona del Condado de la Vega Grande, el antiguo Seminario, la casa del Marquesado de Arucas, la iglesia del Espíritu Santo, así como su fuente—donde no se moja el agua—, las Casas Consistoriales, la antigua cárcel, la Casa del Regente, el Palacio del Obispado, la Catedral , el Museo Canario, el caserón del antiguo colegio de Doña Salomé y la Plaza de Santo Domingo, en la que destaca esta bellísima iglesia, con su altar situado al naciente, como siempre fue tradicional, y su coro al poniente. No voy a describir el contenido de este templo, porque ustedes ya lo están viendo. Pero recuerdo, cuando era niño, que me sentía pequeñito como una hormiga cuando alzaba la vista y miraba las bóvedas estrelladas. ¡Es el cielo!—pensaba. Asimismo, destacan el Colegio de San Antonio, con su pequeña ermita, el caserón de la Orden del Cachorro Canario y la emblemática fuente, que preside la plaza.

Recuerdos, recuerdos y más recuerdos de mi niñez, relacionados con el barrio, se agolpan en mi mente. Los chiquillos hacíamos muchas cosas, desde mataperrerías hasta fabricarnos nuestros propios juguetes. Consecuencia de la época, estábamos sobrados de imaginación.

Así, fabricábamos patinetas, camionetas, jiñeras y tiraderas para cazar pájaros, pelotas de trapo, cometas, manillares de motos de la policía, anzuelos para cazar lagartos y para ir de pesca, y más cachivaches para nuestros juegos cotidianos. Jugábamos a calimbre, a la pelota—ojeando las esquinas no sea que apareciera el guardia Chanito, conocido como el Porra Cambá, al que le teníamos verdadero pánico—.También jugábamos a la tángara, a piola, a monto la uva monto el garbanzo, al trompo, etc. Recuerdo quitarle la púa a los trompos, meter una mosca en el agujero y volver a poner la púa, porque los de más edad nos decían que así sonaba mejor el zumbido que hacía mientras bailaba. Tirados en la calle, con la oreja pegada al trompo, nos parecía que, efectivamente, sonaba mejor.

No debemos olvidar que en aquella época el barrio de Vegueta lo componían un conjunto de microbarrios, razón por la que se hacían guirreas entre esos microbarrios. Los proyectiles eran bolitas de barro, pues algunas de las calles tenían piso de tierra. Las bolitas las redondeábamos y compactábamos con las manos, como si fueran pellas de gofio. Siempre había algún zarandajillo de los contrarios que enmascaraba una piedra cubriéndola con barro. Más de una “coneja” en la cabeza alcancé, de lo que me enteraba después de que uno de los bandos levantara el pañuelo blanco y los compañeros me vieran el hilo de sangre. Y cuando llegaba a mi casa, el tortazo de mi madre nunca faltaba, por el disgusto que le daba.

Como ven, las horas de asueto en la calle las aprovechábamos intensamente, porque en casa había que estudiar y portarse bien.

Ahora, si ustedes me lo permiten, y continuando en el recuerdo, quisiera comentar algo sobre costumbrismo y personajes populares de esos tiempos.

Por aquel entonces, diariamente bajaba por el Callejón de Los Majoreros un ganado de cabras, con sus campanillas colgándoles al pescuezo para que todo el mundo oyera su llegada. En cabecera iba el cabrero con la medida de leche en la mano para despacharle a la gente. A la cola iba un perro, que era más listo que los ratones “coloraos”, pues mantenía a las cabras en su sitio, no sea que alguna se espantara.

Grupos de mujeres, que no tenían cabras en la azotea, hacían cola con escudillas, lebrillos “melaos” o calderos para comprar la leche, y el beletén, si había una cabra recién parida.

También por aquellas calles pasaba el afilador, que tocaba una especie de flauta con sonido muy particular. Y así, las mujeres salían de las casas, con tijeras y cuchillos amellados, para que aquel caballero se los afilara.

Igualmente, pasaban mujeres que venían del barrio de San Cristóbal a vender pescado. Llevaban un rolo de tela negra en la cabeza y encima la cereta con el pescado, que tapaban con un trozo de saco guano mojado para que no se le arrimaran las moscas, según decía la gente.

Un personaje de esa época fue el conocido como Pepe el Bobo y, más extendido aún, como Pepe Cañadulce, que era una persona con discapacidad intelectual, con algo más de veinte años. Recuerdo verle casi siempre con un tambor colgado al totizo y los palillos en las manos dándole siempre machangazos a aquel tambor, mientras anunciaba las películas del Torrecine, o las funciones del Circo Toti o del Circo Segura, cuando éstos se instalaban en el barrio. Apenas terminaba la cantinela de los anuncios, se oía la voz de algún mataperros, que decía:

— ¡Cañadulce!

Entonces, Pepe se paraba y se quedaba mirando para todos los lados buscando al autor del grito, pero no alcanzaba a ver a nadie. Inmediatamente decía:

— ¡Soma el jocico, mamón! ¡Me cago hasta en tu abuela!

D. Juan Torres, propietario del Torrecine, se preocupaba mucho de Pepe, así que si éste se pasaba alguna vez de listillo, D. Juan le llamaba la atención y lo ponía derecho como una vela. La reacción de Pepe era anunciar las funciones del cine diciendo:

— ¡No vayan al Torrecine, que hay pulgas!

Quisiera aprovechar este pequeño anecdotario de Pepe para decirles que llevo muchos años trabajando en beneficio de personas con discapacidad intelectual, lo que me permite decir que conocerlas es, y digo bien, amarlas. Intenten conocerlas.

Margarita la Corcová era una mujer que podría tener entre 50 y 60 años. Chiquitita, flaquita, arrugadita, con una mirada triste como los perros viejos, subía todas las tardes, al oscurecer, por el Callejón de Los Majoreros.

Por aquel entonces, los zaguanes de las casas tenían siempre abiertas, al menos, una de las dos puertas que daban a la calle, y con la luz apagada.

Margarita caminaba siempre bastón en mano y arrastrando las piernas, razón por la que hacía sus paradas a intervalos para descansar. Los chiquillos del barrio que, como niños, éramos unos mataperros, solíamos, al oscurecer, reunirnos dentro de un zaguán y esperar a ver si Margarita, por casualidad, entraba allí a tomarse su descansito. Como estaba oscuro, no nos veía al entrar, y entonces, todos a la vez, gritábamos:

— ¡Uuuuhhhh!

Y la pobre viejita daba un grito de terror, se quedaba clavada en el suelo, sin dar un paso, y hasta se meaba, a punto de darle un fatuto y quedarse tiesa. Después, nos desalábamos en pedirle perdón, hasta que ella se calmaba, momento en que abría la boca para cagarse en nuestras madres y nuestras abuelas, dando bastonazos a diestro y siniestro. Alguno alcancé.

A principios de los años cuarenta llegó al barrio un grupo de clérigos peninsulares que se llamaban los Misioneros. Su presencia duró algunos días, en los que la gente no hablaba sino de Las Misiones.

Empezaban alrededor de las cinco de la madrugada y era sorprendente verles dándole golpetazos a las puertas de los zaguanes y gritando:

— ¡Levantaos, gandules, pecadores!

La gente iba saliendo de las casas y se iba formando una comitiva, cada vez más larga, en la oscuridad de la noche, con rezos y canciones religiosas. Recuerdo que los misioneros no se ponían todos juntos encabezando la comitiva, sino que se distribuían parte en la cabecera y parte en la cola, para comprobar que todo el mundo rezaba y nadie se escabullía.

Las mujeres iban tocadas con mantillas canarias o con velos negros sujetos a la cabeza con trabas del pelo. Las viejitas, además, se cubrían la espalda con pañoletas de punto negras.

Con ese trajín, y después de la experiencia de la primera noche, unos cuantos chiquillos del barrio decidimos hacer mataperrerías para pasar mejor la madrugada. A nuestras madres les sisamos imperdibles, alfileres o trabas de la ropa y, ya metidos en medio del gentío, nos desperdigamos y empezamos a amarrar las pañoletas de las viejitas, por parejas. Al rato, unas que tiraban de su pañoleta para abrigarse mejor, otras que se apartaban de la vecina, otras que se paraban para suspirar, lo cierto es que las pañoletas empezaron a saltar por el aire de un lado a otro. Aquellas mujeres comienzan a dar gritos de la cabeza a la cola de aquel reguero de gente, los curas desencajados por aquel revuelo inesperado y, en medio de la oscuridad, nadie sabía qué estaba pasando. Y nosotros, tiesos como velas, aguantando la risa. Un rato más tarde, todo el mundo se enteró de lo que había ocurrido y la risotada de la gente, incluído los misioneros, fue tremenda. Nadie supo nunca quiénes fueron aquellos mataperros.

Amén de otras celebraciones en las que la Parroquia de Santo Domingo participa muy activamente, no quiero omitir la fecha del 3 de Febrero. Recuerdo comprar ese día el “hilo de San Blas”, aquí al lado, en la ermita del Colegio de San Antonio, que se sujetaba al cuello hasta el miércoles de ceniza, momento en que lo cortábamos y quemábamos hasta convertirlo en cenizas.

Hoy, con este pregón, se inician las Fiestas de la Virgen del Rosario. Como siempre, se espera la presencia de un buen número de romeros con sus carrozas, habrá verbena, charlas, música folclórica, conciertos, etc. Culminando ese camino, gozaremos de la procesión de Nuestra Señora, el 7 de Octubre, con el recogimiento de siempre. Las gentes del barrio, una vez más, recibiremos, con la tradicional hospitalidad, a todos los visitantes deseosos de disfrutar de estas fiestas. Y si alguno se pasa de rosca, que no lo creo, coscorrón y tente tieso.

Para terminar… Sí, ya termino. Quiero felicitar a la Asociación de Vecinos Vegueta-Santo Domingo, así como a esta parroquia y personas, asociaciones e instituciones que colaboran con ella, por haber reinstaurado estas fiestas tan nuestras, tan emotivas y de tanta tradición, y que, año tras año, vienen ganando en realce y popularidad dentro de la ciudad, merced a su constante y eficaz trabajo.

¡Brindo, aunque sin copa en la mano, por La Virgen del Rosario, por el barrio de Vegueta, y por las Saros, las Charos y las Charinas!

¡Felices fiestas!

Muchas gracias. Buenas noches.

Oscar Gutiérrez Ojeda, 27 Septiembre 2007

viernes, 1 de junio de 2007

El Colegio Padre Manjón

Hace algo más de un mes recibí una llamada del antiguo y buen amigo José Antonio Barber, anunciándome que el jueves, 24 de Mayo último, se llevaría a cabo una gira (hoy excursión) al centro de la isla, emplazamiento que también estaba haciendo a otras personas que, como yo, fueron alumnos del Colegio Padre Manjón, situado, como muchas generaciones saben, en la calle Travieso de esta ciudad.
Sentí una inmensa alegría al conocer tal iniciativa, lo que, simultáneamente, agolpó en mi mente una serie interminable de fotografías preñadas de hermosos recuerdos, que ubico en un verano de finales de los años cuarenta del pasado siglo. ¡Cómo corre el tiempo, carajo!. Valga la expresión.
Al margen de aplicarnos más o menos en los estudios, como alumnos que éramos, muchas mataperrerías le hicimos al querido y siempre bien recordado D. José Medina, propietario del inmueble─como siempre nos decía─y director del colegio.
Era un hombre inteligente, hasta el punto de aparentar no enterarse de tales mataperrerías. Para contrarrestarlas, su discurso iba siempre  en la línea de imbuir en nuestras cabezas locas la bondad y conveniencia de insistir mucho en el estudio de las diversas materias que allí se impartían, utilizando para ello continuamente el verbo “machacar”.
El día fijado para la excursión (antes gira), nos concentramos junto al Club Natación Metropole, donde una guagua esperaba. La organización pasó lista nombrando a los avisados y, al final, éramos cifra cercana a cuarenta personas, que constituían alrededor de dos tercios de la lista, éxito según la organización.Las damas, que dieron luz a aquella mañana, superaban el 23% de los reunidos. No sé porque me meto en camisas de once varas al trazar tanto cálculo porcentual. Lo que sí estoy obligado a decir, sin embargo, es que allí había personas de varias generaciones.
La guagua inicia su camino, toma la carretera del centro de la isla, el gallinero de a bordo muy entusiasmado y hablador, hasta que se produce la primera parada, a media mañana, en el pueblo de San Mateo.Las cámaras fotográficas hacen su trabajo para la posteridad, se estiran las piernas─ágiles, por cierto─, se toma el agua agria y el buchito de café y, finalmente, a bordo de nuevo.
La guagua inicia su segunda etapa que, alrededor del mediodía, pide práctico y atraca en un lugar donde se encuentra el Bar Perera, famoso, según los entendidos, por sus quesos y carne de cochino. El personal toma por asalto la totalidad de la barra, previo paso apresurado por los correspondientes excusaos,  corre el líquido y sus enyesques de banda a banda por toda la barra, y Perera apunta que te apunta.
Se inicia de nuevo el camino, esta vez en dirección a Valleseco, lugar elegido por la organización para el almuerzo, después de atravesar el barrio de Lanzarote. Como curiosidad histórica, quisiera decir que la población de tal barrio quedó reducida a mujeres, niños y ancianos en los años cincuenta. Los hombres emigraron en su totalidad a Venezuela.
Finalmente, nos aposentamos en la mesa en el Restaurante Valleseco. Las viandas estuvieron acertadas y de calidad, siendo bien rociadas al gusto y capricho de cada uno, donde, a su vez, se habló de todo por parte de todos.
Llegando la hora del café, José Antonio dirigió unas palabras a los comensales, proponiendo dar carácter de institución a la Congregación del Padre Manjón, con una comida anual, al menos, propuesta que fue aclamada por los asistentes. Luego dio la palabra a Domingo Navarro y al que suscribe, cerrando las intervenciones Elisa Medina, hija del recordado D. José Medina. Todos dedicamos unas merecidas palabras de agradecimiento póstumo al homenajeado, desgranadas con gran emoción, así como salpicadas con algunas anécdotas, que fueron prolongadamente aplaudidas. Para cerrar ese acto, se entregó un regalo-recuerdo a cada uno de los asistentes.
Ya de regreso a Las Palmas, se hizo la inevitable paradita en Teror, donde unos fueron a visitar a Dª Pino, otros a comprar choricitos de Los Nueces, otros a repetir el café y otros a mojarse la garganta, sobrentendiéndose qué líquido las mojaban. Para terminar, y como es natural, en el trayecto de Teror a Las Palmas las lengüitas se tomaron su descanso, que bien merecido lo tenían.
                                         Oscar Gutiérrez Ojeda, Junio 2007