domingo, 25 de agosto de 2013

YO ACUSO

* Al ministro de Justicia, por ignorar la lentitud procesal en los Juzgados sin querer ver la imperiosa necesidad de informatizarlos, permitiendo se consuman y desperdicien innumerables horas de trabajo simplemente cosiendo miles de papeles con hilo y aguja, y su correspondiente almacenamiento,  en pleno siglo XXI. A su vez, propone o apoya el indulto a personajes que se han apropiado indebidamente de millones de Euros, y nunca a favor de quien ha hurtado alimentos por cantidades ridículas de dinero, y no para su negocito sino  para llevar comida a casa.
* A la ministra de Empleo, por redactar las bases de la célebre Reforma Laboral, consiguiendo con ello únicamente incrementar el desempleo que, en sólo un año, ha pasado de algo más de 5 millones a casi 6 millones de parados, sin incluir al ex marido de la Sra. Mato, pues, al parecer, el Estatuto de los Trabajadores no  permitía despedirlo. Por si esto fuera poco, completa su tiempo asomándose a las ventanas televisivas para contarnos historias que no concuerdan con la realidad del día a día que estamos viviendo. Baje a la calle, Señora, y hable con los ciudadanos, los que le votaron y los que no le votaron.
* Al ministro de Hacienda, que ha llevado adelante una reforma fiscal, no solamente incrementando los impuestos indirectos, que pagan todas las clases sociales, sino también los directos, en todos los tramos de la escala, cuando debió aplicar la subida sólo en los tramos más altos. A su vez, lo acuso de no fomentar incentivos fiscales a favor de las empresas, lo que, con total seguridad, supondría la creación de empleo. Un ejemplo: En tiempos de bonanza se creó una deducción sobre la cuota del impuesto de las empresas de 6.000 Euros por cada  empleo nuevo, o incremento de plantilla, de personas con discapacidad, con el fin de favorecer el empleo de éstas, aunque sujeto a  ciertos condicionantes. Ello sigue vigente ¿Por qué hoy, con la situación existente, no se hace extensivo ese incentivo a la creación de empleo de cualquier parado? Sin embargo, ha dedicado su pensamiento a amnistiar fiscalmente a quien blanquee en España dinero negro, de una manera tan sencilla que ni siquiera se exige declarar el origen o procedencia de ese dinero. ¿A quién pretendía beneficiar?
* Al ministro de Economía, que no alcanzó a ver y, por tanto, desaconsejar la Reforma Laboral que  puso en marcha la ministra de Empleo. Su trabajo debe ceñirse a encontrar fórmulas para impulsar la economía— lo que conllevaría inevitablemente  la consiguiente creación de empleo—, en vez de gastar su tiempo en acechar los movimientos de la prima de riesgo y profetizar el fin de la crisis continuamente, dirigiéndose en estos términos  a los españoles, que ya estamos cansados de oír lo mismo sin ver los resultados profetizados.
* Al ministro de Agricultura, para recordarle que los trabajadores del campo, con ocasión del “ladrillazo” que nació a partir de la nueva Ley del Suelo de 1998, emigraron hacia el “ladrillo”, y desde allí emigraron hacia el paro, donde siguen anclados. ¿Qué ha hecho para favorecer la vuelta a sus orígenes, al campo? Cada vez que me como una pera o una manzana me como un fruto de extramuros. A lo que parece, es más interesante para el Tesoro público ingresar derechos aduaneros que impuestos nacidos desde la existencia de  una economía rural apoyada, aunque sólo fuere logísticamente, por el Estado o las autonomías. El campo está desierto de hombres y de cultivos. ¡Qué pena!
* Al Presidente del Gobierno, que, como tal, ha autorizado con su firma los inventos improvisados, infructuosos o erróneos de sus ministros, sin que se hayan medido debidamente las consecuencias que, al menos a corto y medio plazos, podrían producir y están produciendo. Parece que cada ministro mira sólo para su ombligo o cartera, sin considerar las interrelaciones  departamentales y, por tanto, el efecto final que cada norma está produciendo en el ombligo de los ciudadanos, que es siempre  el más importante por su posición de sujeto pasivo frente a cualquier normativa. Quizás el papel principal del pastor es apaciguar a sus ovejas y defenderlas con uñas y dientes frente al lobo. El pastor español no para de hablar a sus ovejas en un intento de apaciguarlas, pero creo que no ha sabido defenderlas enérgicamente frente al lobo alemán. Antes al contrario, primero le ordenó llevar adelante la congestión del gasto a cargo del más débil.  Y ahora se ha permitido la gracia de  decirle que su buen camino no es otro que volar con sus huevos a cuestas hacia Sudamérica. Esto, que parece una coñita, es un insulto, puesto que el citado lobo piensa que el pastor español no sabe ni tan siquiera donde vender  los huevos, ni  la lana, ni la leche de sus ovejitas. Esta coñita, repito, es válida entre amiguillos, pero no entre Estados. Por cierto, a este lobo alemán le están temblando las piernas  después de escuchar recientemente al pastor británico.
* A todos los partidos políticos, por no querer—como decía mi tía Lala—soltar la teta. Ninguno de ellos ha puesto una pica en Flandes para proponer al resto una reducción  del número de miembros de las cámaras a todos sus niveles, como son Congreso, Senado, Parlamentos autonómicos, Diputaciones provinciales, Cabildos insulares canarios y Ayuntamientos. La mitad de esos miembros es más que suficiente para que tales cámaras funcionen. Y a quien no lo crea, que me lo cuente. ¿Cuántos millones de Euros ahorraría el erario público, que podrían destinarse a Educación, Sanidad y Servicios Sociales? Sabios españoles emigran a otros países que les cobijan y pagan bien, porque en nuestro país se  recorta el dinero hasta a la investigación.
* A la Sra. Cospedal, porque está convencida de que yo soy un ignorante cuando dice y repite que el Sr. Bárcenas no “está” en el Partido Popular  desde el año  2009. ¡Señora, por Dios! ¿Es usted boba o a mí me toma por bobo con tan infantil afirmación? Este caballero, efectivamente, no “está” en el Partido, pero sí “está” (hasta hace pocos días) en las oficinas centrales del Partido, perfectamente instalado con todos los servicios y, además, gratis. ¿Qué hacía allí? ¿Para quién trabajaba?
* A las cúpulas sindicales, a todos los niveles, porque nunca  han sugerido ideas concretas para encaminar la economía y, consecuentemente, el empleo. Tampoco han renunciado a un solo Euro de sus emolumentos, o, al menos, no lo han hecho púbico. Lo único que sí han hecho es enviar a los pobres parados a la calle, cargados de pancartas alusivas a sus sindicatos. Les sugiero hablen con sus bases—entiéndase desempleados—y con el Gobierno, proponiendo, por ejemplo, que los parados, voluntariamente y como contraprestación a su raquítica pensión, trabajen 15 horas semanales con transporte gratuito durante un tiempo prudencial y no indefinidamente. Esto no es ninguna barbaridad. Yo he hablado con muchos parados, quienes me hacen comentarios en esta línea como medida para olvidar el tedio y el desencanto que les consume, para sentirse personas. ¿No es cierto que ese camino reactivaría la economía?  ¿No es tan cierto que si la economía crece también crece el empleo?
*Al  Tribunal de Cuentas, que opera con tal lentitud que muchos hechos irregulares no se pueden juzgar por simple prescripción. Sin embargo, sus miembros cobran puntualmente cada fin de mes.
* Por último— y no he acabado con las acusaciones—, YO ME ACUSO de plagiar el TITULO de  un artículo que publicó en 1898 el periodista y escritor francés Émile Zola, con ocasión del triste y célebre caso Dreyfus.
                                                                                Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                                Febrero  2013

Este artículo fue publicado en La Provincia el 27 FEB 2013

A MI AMIGO BENEDICTO


En verdad, en verdad te digo, lector, que el Papa Benedicto XVI  y yo no somos ciertamente amigos. Ni  tan siquiera le he  conocido personalmente. Pero lo han sometido a una serie de situaciones adversas de tal magnitud que lo lamento como si de un buen  amigo se tratara.
 Anunció al mundo su “abdicación”, argumentando que lo hacía simplemente “por falta de fuerzas”, lo que yo, dicho así, no lo creo “ni jarto  ron”, como diría mi abuelo Juan. La denuncia pública de tantos casos de pederastia causados por varones clericales, surgidos muy probablemente por inclinaciones paidofílicas consecuencia del voto de castidad, le han creado un verdadero atosigamiento, viéndose, además, acuciado por muy diversas opiniones emanadas desde dentro de su casa.
De otro lado, el poder financiero de la Iglesia, como sabemos, está concentrado en el IOR (Instituto para las Obras de Religión), más conocido como el Banco Vaticano. Éste le creó importantes  quebraderos de cabeza, hasta el punto de que intentó tener mayor control y más transparencia sobre sus cuentas, que no consiguió por ciertas presiones internas. Al parecer, existe mayor secretismo en el Banco Vaticano que en los pasillos de la Santa Sede.
 Desconozco si Benedicto XVI, aun teniendo una trayectoria conservadora, tuvo alguna vez en su pensante cabeza el deseo o la propensión de inclinarse hacia la necesidad o conveniencia de introducir algunos cambios en las estructuras eclesiales, pues los tiempos corren y ya no estamos en la era del feudalismo. Seguramente hizo algunos intentos, que no llegaron a buen fin. En consecuencia, estos hechos y algunos más que desconozco, y que sí conoce la Curia romana, le hicieron perder su ánimo hasta el punto de que sintió su mente deteriorada, yo diría  aniquilada, como ser humano que es. Así, pues, su marcha no fue por simple falta de fuerzas. 
Se afirma que Dios creó al hombre. Alguien asegura lo contrario, es decir que el hombre creó a Dios desde los tiempos anteriores a Matusalén. En todo caso, lo que sí pienso, leyendo la historia, es que Dios es una cosa y la Iglesia, creada por el hombre,  es otra cosa. ¿Acaso Dios dijo que sus representantes en este planeta con facultad de perdonar las malas acciones tendrían que ser necesariamente varones? ¿Es que Dios dijo, además, que tendrían   que vivir manteniendo, bajo juramento, voto de pobreza, obediencia y castidad? ¿Dijo también que la mujer religiosa de profesión, la monja, sería siempre la sufrida, la esclava y hasta la sirvienta del varón, sin cobrar ni una de las futuras pesetas, como así lo ha sido y lo sigue siendo? ¿A quién se lo dijo? Estos interrogantes que yo me hago  me llevan a reafirmarme en la idea de que Dios es una cosa y la Iglesia, que es quien  ha instituido tales preceptos, es otra cosa.
Y así, a diversos niveles como, por ejemplo, España. El Sr. Rouco, jefe de la Iglesia española, nada ha dicho en relación a los 6.200.000 parados que existen en el país, malcomiendo gracias a las pobres ayudas de familiares y vecinos, mientras que él  come y bebe bien a diario. ¿Qué hace con los casi 11.000 millones de Euros que recibe la Iglesia Católica española, de los que una buena parte proceden del dinero público, sin recortes, al margen  del IRPF?
Tampoco ha denunciado públicamente los casi 15.000 desahucios producidos en  España, así como las vidas perdidas, por suicidio, de algunos ciudadanos, deshechos en su desesperación porque, además de pasar hambre, se quedaban sin techo donde vivir sus familiares, todos en situación de paro.
Por lo visto, la vida de un feto es la única vida importante para este señor. ¿Esto lo denuncia Dios, que dicen que todo lo ve, o la Iglesia? Y, además, se permite atacar al poder civil, que acepta el ataque, para que modifique de inmediato la Ley del aborto. Como siempre, la mujer, por ser mujer, no decide. Las demás miserias que está atravesando el país no las menciona, pues debe estar convencido de que España es un verdadero paraíso, un calco de su palacio. ¡¡Qué poco pudor!! Desde luego, es un varón representante de la Iglesia, la que destrozó a Benedicto XVI. No es un representante de Dios.

                                                                                  Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                                        Abril 2013

Este artículo se publicó en la sección  “Opinión” del periódico  La Provincia, en su edición del domingo día 12 de Mayo de 2013.


LOS DIAS CORREN..EL TREN NO CORRE



     Los días corren, las 79 personas que perdieron su vida corrieron hacia las estrellas y el maquinista del tren no para de correr en el tren de la culpabilidad, sumido en la pena, la desesperación y la vida sin vida.
¿Culpable de la desgracia? Todas las voces dicen que es el maquinista. Ni tan siquiera citan al revisor o interventor, que cometió la imprudencia—¿o negligencia?—de hablar telefónicamente con el maquinista durante dos minutos en un momento en que, sólo viendo el paisaje, muy conocido, sería motivo más que suficiente para no interrumpir  al maquinista.
Yo recuerdo ir en automóvil de Santiago de Compostela a Vigo acompañado de familiares que llevaban teléfonos móviles. Esos aparatitos nos indicaban el camino a seguir audiovisualmente. Llegando a la periferia de Vigo nos indicó el camino más directo para llegar a nuestro destino, diciéndonos, inclusive, el tiempo que faltaba para llegar. La llegada a casa de nuestro amigo fue puntual. Y esto ocurrió hace dos años.
Recordando este  antecedente, alzo mi voz para decir quién debe ser el PRIMER CULPABLE de esta desgracia: La RENFE.
¿Cómo es posible que en pleno año 2013 exista transporte de personas  por vía férrea  que no disponga de medios  informáticos o electrónicos que superen lo que un simple teléfono móvil es capaz de hacer? Y si hablamos de alta velocidad, ¿cómo es esto posible?
Supongamos que el maquinista sufre un infarto o una pérdida de sentido, aun después de ser sometido a revisiones médicas periódicas. ¿Quién para el tren?, ¿quién evita un choque?, ¿quién reduce la velocidad?. ¿Es que desconocemos la fuerza o impulso que producen toneladas en movimiento?
Ahora, después de la desgracia, parece que el Presidente de RENFE y alguien más sí conocen esa fuerza y se quitan de en medio diciendo que de inmediato se tomarán las medidas adecuadas, tanto en las máquinas como en el trazado de los rieles.
Como decimos en Canarias, después del conejo ido, palos a la madriguera.


                                                                       Óscar Gutiérrez Ojeda
                                                                                         Agosto 2013




viernes, 26 de marzo de 2010

IN MEMORIAM DE JUAN RODRIGUEZ MARRERO

Juanito, como así le llamábamos cariñosamente, nos dejó. Hombre de palabra llana y directa, sin circunloquios de clase alguna, le hizo ser persona muy apreciada por todos los que le conocimos, que fuimos muchos.
Siempre preñado de buen humor conseguía, sin pretenderlo, transmitir felicidad a toda persona que estuviese a su lado en cualquiera de los círculos en que se movía, desde la Playa de Salinetas, o los Amigos Canarios de la Ópera, hasta el Real Club Náutico, cruzados por el Club de Aeromodelismo R/C Gran Canaria y otros lugares, fueren públicos o privados.
Cada mañana, al amanecer y antes que cantara el gallo, ya cantaba Juan con su magnífica voz de tenor, tarareando aquello de que su carro se lo robaron, y todo ello lo hacía durante la hora, ¿o dos horas?, de caminata diaria a buen ritmo.
Pero la mente es muy misteriosa y, como tal, es traicionera. Su traición consistió en afilar los colmillos y hundirlos en las células de tan optimista y clara cabeza que la Naturaleza le regaló.
Fué un hombre tan afortunado que hasta gozó del gran amor, encarnado en Carmen, su encantadora mujer, quien le dió, además, unos hijos envidiables, de lotería, como se decía en tiempos antiguos.
Juanillo: Sepas que seguimos contando tus innumerables chascarrillos, que permanecerán imborrables en nuestra mente.
Para Carmen y tus hijos, un beso.

jueves, 4 de febrero de 2010

Mi cuarto libro

Desde hace algunas semanas me ronda en la cabeza la idea de escribir, novelando, acerca de una familia donde uno de sus miembros padece la enfermedad de alzhéimer, y otro es persona con discapacidad intelectual. Avanzando en esta idea, ya tengo una serie de anotaciones redactadas en conexión con el tema, pero aún no he definido lo que podría ser la estructura del libro, ni, por supuesto, su título. Quizás pueda ser de interés para muchos lectores, dado el perfil de los personajes o el fondo de la cuestión, de gran actualidad, lo cual me tiene cargado de entusiasmo, que va en un crescendo continuo, manteniendo, de una parte, un bis a bis con personas dependientes de estas patologías y, de otro lado, leyendo temas científicos relacionados con dichas materias, aunque sé que el camino a recorrer es ciertamente largo, por su complejidad.

miércoles, 13 de enero de 2010

EL 13 DE ENERO

El compañero Manolo Rodríguez, miembro de la Junta Directiva del GRUPO 13 DE ENERO, me sugirió escribir algo en referencia a nuestra siempre bien recordada Escuela de Comercio, para hacerlo público hoy, primer 13 de este año 2010, cuyo encargo me encantó. Queda por averiguar si su lectura le encantará también a este auditorio, siempre tan exigente.

Como todos sabemos, la Escuela de Comercio (hoy Fundación Mapfre Guanarteme) estaba situada frente a la hermosa Fuente del Espíritu Santo, donde, por cierto, no se moja el agua. La Escuela tenía dos puertas de acceso: una para las niñas, que, después de atravesar el zaguán, subían al piso alto, donde permanecían entre clases. Y otra para los muchachos, que cruzaban un largo y no estrecho corredor, con una hilera de bancos, hasta llegar al amplio patio, lugares únicos donde quedaban situados, alega que te alega, entre clase y clase. Y pobre del guapito que se le ocurriera cruzar el zaguán de las niñas.

El patio, sin bancos para sentarse, era el lugar ideal para estar y mirar hacia arriba, pero no al cielo sino a la planta alta , donde había unos corredores o balconadas que solían ocupar las niñas en sus charlas, unas con faldas estrechas y otras con faldas vaporosas, que sujetaban entre sus piernas, en un intento de frenar las miradas impúdicas de los muchachitos.

Las aulas estaban distribuidas en varias plantas del edificio. La mayor de todas, con ventanas a la calle, estaba en la planta más alta.

Ahora quisiera disfrutar, una vez más, del recuerdo de aquellos añorados tiempos de dorada primavera de la vida, situando, como actores principales, a los profesores:

Los dos cursos de inglés estaban a cargo de D. Francisco Fiol, a su vez Director de la Escuela. Cuando se enfadaba con algún alumno, bien por las escapadas del Día de la Fuga de San Diego, o bien por quedarse traspuesto en clase, lo tachaba de “ente excecrable”, al tiempo que secuencialmente daba resoplidos por aquella nariz aguileña. Recuerdo que cuando se dirigía a mí o al compañero Oscar Hernández nos llamaba “D. Oscar”. Al resto de la clase les llamaba por el apellido. Por cierto, el amigo Hernández, que siempre se sentaba estratégicamente, no paraba de darle a la manivela en plena clase.

Continuando con los idiomas, D. Alfonso Canellas era el profesor de francés. En clase fumaba como un carretero, tosiendo continuamente. Era de estatura más bien baja y flaquito como un pejín, pero tenía voz de bajo abaritonado. Cuando nos estaba enseñando a pronunciar la “eu”, la “r”, o la “en”, lo repetía tanto, con aquella voz tan grave, que terminábamos aguantando la risa como mejor pudiéramos. D. Alfonso miraba a los risueños y se limitaba a llenar la lista de ceros.

D. Francisco Reina era el profesor de alemán. Hacía mucho hincapié en la pronunciación, y no solía enfadarse, pero si alguien iba de listillo le ponía su cerito en la lista y a otra cosa mariposa.

Los diversos cursos de matemáticas estaban a cargo de D. Juan Lozano, a su vez Secretario de la Escuela. Nunca supimos lo que era la analítica, ni el cálculo de probabilidades, ni las integrales, pero le temíamos a su sonrisa, porque era el preludio del cero.

En referencia a física y química, repetí curso, que tampoco aprobé en Junio siguiente sino en Septiembre. D. Bartolomé cogía la hebra con los ”játomos” y no había hijo de vecino que lo entendiera. Lo mismo ocurría con química, llenando la pizarra de moléculas de materias orgánicas e inorgánicas, cuyos dibujitos no los entendía ni Dios.

D. Teodoro Rosales tenía a su cargo la geografía económica. Al parecer, en su juventud vivió en Alemania. Cuando hablaba de ese país, en referencia a su economía, era tal la añoranza que lo envolvía, que terminaba sacando el pañuelito del bolsillo para rozarlo por sus vidriosos ojos. Esa demostración sentimental que afloraba en su rostro llenaba nuestros corazones hasta contagiarnos.

Ahora voy a darle el turno a la legislación de Hacienda. Para esta asignatura había un texto fabricado con papel de color ceniza y la letra más pequeña que la cabeza de un piojo. La clase estaba a cargo de D. José Oramas, quien explicaba la materia manteniendo el mismo tono, timbre, ritmo y volumen de voz durante la hora entera de clase, de tal manera que era muy fácil dormirse, máxime mirando a D. José, con su típico semblante somnoliento. Aquella horita era un verdadero “tótem”. Los ceros fueron los habitantes asiduamente empadronados en la lista, de principio a fin de curso Lo paradójico del caso es que, corriendo los años, mi vida profesional ha transcurrido básicamente en el terreno de la fiscalidad, sintiéndome muy feliz.

D. Manuel González era el profesor de contabilidad, a quien le gustaba la coña más que comer. Cuando hacía una pregunta a un alumno, aún cuando la respuesta fuese perfecta, siempre decía : ¡Lo ha dicho un burro!. La verdad es que era muy fácil aprender con él.

La clase de derecho la daba D. Joaquín Mª Aracil, hombre de frente prolongada, o quizás era calvo. Era cojo y se movía siempre con un bastón, arrastrando la pierna derecha, ¿o la izquierda? . Todo el alumnado decía siempre que el colmo de la Escuela de Comercio era dar clases de derecho con un profesor cambao.

Aunque no haga un aparte con cada uno de ellos, quisiera hacer patente el recuerdo de D. Eladio Moreno, D. Felipe de la Nuez (que no es lo mismo que la nuez de D. Felipe, según el comentario de la época), D. Isidro Brito, D. José de Britto, D. Mario Augusto Romero, D. Santiago Ascanio, etc.

Tampoco podemos olvidar a Periquito, que era el bedel. Esta palabra tan mona, no típica del habla de la época en Canarias, nos la enseñó D. Joaquín Mª Aracil, que para eso era peninsular. Periquito era un hombre de avanzada edad que le gustaba mucho la coña socarrona, pero siempre y cuando fuese de su iniciativa. Si algún gracioso pretendía coñearse de él, se armaba la marimorena, pues se ponía como una fiera y hasta levantaba la mano, amenazante. <<¡Carajo con este machango!>>, era su expresión más común. De resto era una persona normalita, aunque con semblante serio, que hablaba lo imprescindible, pero ayudaba a la muchachada en problemillas domésticos.

Cuando ya éramos galletones y mirábamos p’al cañizo solíamos bajar a la Plaza de Santa Ana, entre clase y clase o fumándonos una clase, para practicar el idioma inglés con las turistas que traían las guaguas desde los hoteles de la Playa de Las Canteras. En esa época el Sur de la isla lo constituían exclusivamente fincas de tomateros, que lindaban con la arena costera.

Junto a la Plaza de Santa Ana, por cierto, estaba de lunes a viernes Guillermito el árabe con su carrillo lleno de chucherías, desde chufas hasta pastillas y pirulís, pasando por cigarrillos y los clásicos chochos. Era un hombre de esqueleto más bien alto, doblao de espalda, con cara redonda que lucía un espeso bigote. Cuando nos caía alguna perrilla en el bolsillo desembocábamos allí, intentando siempre armar alguna coña con eso del idioma, antes de comprarle las chucherías, lo que hacía que Guillermito se engrifara como un gato, hablando medio en árabe , medio en español, hasta que nos volvía locos o lo volvíamos loco. Aquello era una verdadera gozada. No hay nada más bonito que una buena mataperrería. ¡A que sí!

No puedo terminar sin enviar un cariñoso recuerdo a unos buenos y verdaderos amigos, compañeros de la Escuela de Comercio, que desde hace años dejaron las alegrías y tristezas de este mundo, que sus vidas quedaron interrumpidas, como son Andrés Alvarado Janina, Cristóbal González Barreto, Claudio Rodríguez Rodríguez, José Antonio Morales Martinón y Manolo Cabrera Suárez. Si no menciono expresamente a alguno más, que nadie se sienta ofendido por mi olvido, que no quiere ser olvido, y casi lo prefiero así para no entristecer este 13 de Enero.

Leído que fue en el “Restaurante El Herreño”, a la hora del café del día 13 de Enero del bendito año 2010 de Nuestro Señor.

domingo, 24 de mayo de 2009

Segunda visita a Marruecos

Con motivo de la terminación de mi tercer libro, que lleva por título Don Quijote de Ayacata, realicé mi segundo viaje a Marruecos, acompañado de mis amigos Germán Benítez y Norberto Díaz, así como de mi hijo Óscar, que reside en Alicante, quien, por cierto, mantuvo todas sus conversaciones con personas marroquíes en idioma francés, ocasión perfecta para practicarlo, mientras que nosotros lo hacíamos en español, pues todo el mundo lo habla.

Volamos a Tánger, hospedándonos en el Hotel Intercontinental. La estancia fue de jueves 21 a domingo 24 de Mayo.

Una vez allí, el primer movimiento consistió en ir a ver a nuestra querida amiga Francis, profesora del Colegio Ramón y Cajal, en Tánger, quien, una vez más nos invitó a degustar en su casa unas espléndidas viandas, acompañadas de un cuscú, acudiendo, además, nuestras amigas Silvia, directora de la biblioteca del Instituto Cervantes, y Naját, representante de un laboratorio farmacéutico.

La mañana del viernes estuvimos en el Instituto Cervantes, donde conocimos al director, José Manuel Toledo, con quien teníamos cita concertada. Al salir de allí, coche en carretera. Por segunda vez pateamos la hermosa Larache y el pueblo de Alcazarquivir, donde está el antiguo acuartelamiento militar español en que instalaron al personaje central de mi novela, destinado allí como soldado del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Número 4 Nuevamente entablé conversaciones con personas del lugar de edad avanzada, más conocedoras de los tiempos en que situé allí a mi personaje.

Francis, tan encantadora como siempre, nos llevó a cenar esa noche a un restaurante español, creo recordar que asturiano. Nos acompañaron Silvia y Najat, con su marido Junne, así como una amiga de ellos marroquí, uróloga. Cenamos platos españoles acompañados de un Ribera del Duero. Todo perfecto. Al término de la cena, y como plato curioso y desconocido por nosotros, nos llevaron a ver en vivo el espectáculo de la “danza del vientre”, donde, efectivamente, unas muchachitas envueltas en tul, salvo los vientres, que quedaban al descubierto, los hacían danzar al compás de música árabe. ¡Impresionante!

Al siguiente día, sábado, un conductor de confianza de Francis nos trasladó en paseo a la montaña. Allí está el dinero de Tánger, desde los tiempos en que era zona internacional. Chalets, palacios y grandes villas pueblan aquella montaña, plagada de parajes ajardinados, de gran belleza.

El domingo por la mañana, regreso a casa.

Mayo 2009